radionovelasSongo – La Maya, 26 jun.- Desde que en el pasado siglo se inventara la radio, y desde que se llevara a cada hogar donde se dispusiera de un receptor la primera novela radial, el cubano ya fue otro.                                                      

De manera que ya hace casi un siglo, la tradición de pegarse al radio receptor para escuchar el espacio de la novela está junto los habitantes de esta isla maravillosa.

Pero si de radio novelas de habla, entonces habrá que mencionar El Derecho de Nacer. Esta obra resultó de tal impacto que por ella llegaron a suspenderse secciones del Congreso de la República y cambiar el horario de iglesias.

Alcanzó resonancia internacional en filmes y versiones de radio y TV, y en ella existe un hecho no solo poco conocido, sino también poco divulgado. Caignet, su autor, escribía diariamente los libretos que se radiaban por las noches a través de la emisora CMQ, propiedad del señor Goar Mestre y Hermano.

Desde los primeros momentos, esta novela suscitó en Cuba y más tarde en el extranjero un enorme interés en toda la población. Se daba el caso que muchos cines y teatros, para que el público asistiera a las funciones, a la hora del comienzo de la novela, cortaban la producción cinematográfica mientras aquella se radiaba, si no lo hacía de esta manera la asistencia de público era muy escasa.

Entre los personajes existía el de Don Rafael del Junco, que había “pegado” sobremanera en la radioaudiencia. Al actor que lo personificaba, inconforme con su paga o aprovechándose de la fama, trataba de lograr un aumento salarial, que rápidamente fue denegado.

Dada la situación creada, el actor le hizo saber al propietario radial que desde ese momento dejaba de interpretar el susodicho personaje. Mestre llamó a Caignet y le pidió que se deshiciera del personaje mencionado. El escritor trató de convencerlo de lo que significaba para la novela, pero no logró hacerlo cambiar de idea. Sin embargo, producto a su gran inteligencia se le ocurrió producir en la trama un trauma a Don Rafael que le hiciera perder el habla y eliminarlo unos días de la misma, mientras él trataba de convencer a Goar de acceder al aumento salarial solicitado.

Así lo hizo y Don Rafael desapareció del aire radial, aunque en ocasiones aparecían algunos sonidos que justificaban diciendo que eran producidos por Don Rafael que trataba de hablar. Fueron pasando los días, las semanas, pero en vez de perder popularidad el personaje, ésta aumentaba.

Se daba el caso, que por una razón u otra un radioyente que no podía escuchar la novela una noche cualquiera, por lo regular lo primero que hacía al levantarse era preguntar “si ya había hablado Don Rafael el Junco”.

Producto a todo ello y mucho más, el señor Goar Mestre se vio en la imperiosa necesidad de otorgar el aumento solicitado por el actor y es entonces que con la intervención de la ciencia habla Don Rafael del Junco. Tal era la atracción por ese fenómeno que ha resultado ser la radionovela, que en medio de una era de DVDs, MP3s, celulares, cajitas y paquetes, sigue siendo una preferida. ¿Quién lo duda? Así ha sido siempre. 

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