iglesiaMayaSongo – La Maya, 4 may.- Las tradiciones y costumbres de los pueblos, si bien son olvidadas por voluntad o imposición, cambiadas, transformadas, o menoscabadas, no se pueden borrar, permanecen como tinta indeleble en las páginas de la historia, hasta que cuando encuentran el momento y las condiciones adecuadas para volver a florecer, resurgen cual Ave Fénix de entre las cenizas para probar su inmortalidad.

Tal es el caso de la asistencia a misa los domingos. Décadas atrás, cada mañana dominical se veía el desfile de familias enteras a la iglesia, ataviadas con los mejores trajes, vestidos, zapatos, sombreros y sombrillas. Las damas más refinadas usaban guantes y velos que cubrían sus manos y rostros, respectivamente, para acentuar su recato.

Para el domingo se guardaba siempre la mejor ropita, la más seria sobre todo, tanto en colores como en confección: sayas largas, blusas de encajes y mangas, en negro o blanco preferiblemente. Y así se transmitía, de generación en generación, esta tradición entre los más devotos, o costumbre, entre los menos propensos a las creencias religiosas, que no bien esperaban su independencia de la familia, para decir adiós a los largos y pesados sermones del cura en la iglesia, el aburrimiento de la homilía, y el desentono de los cantos.

Esto no solo ocurría en La Maya, Songo, Los Reynaldo o Ti Arriba. Más allá, mucho más allá incluso de nuestras fronteras, en el mundo entero, el mismo panorama acompañaba a pueblos y ciudades cada mañana dominical.

Pero con la emancipación del siglo veinte, y luego el libertinaje del veintiuno, apoyado por el ateísmo inculcado por nuevas formas de hacer el mundo, el peregrinaje a la iglesia fue mermando, hasta que solo las señoras más viejas y reacias a cambiar su fe y su tradición quedaron dentro de las iglesias, acompañadas en su soledad por las imágenes de yeso y las palabras consoladoras de los párrocos.

Por fortuna, de un tiempo a esta parte, vuelve a nutrirse el grupo de personas que, atizados por su fe en una fuerza todopoderosa, regresan a la misa los domingos. Esto refuerza mi convicción de que las tradiciones no mueren, solo se van a dormir por un tiempo cuando están cansadas. ¿Quién lo duda? Así ha sido siempre. DSCN1132

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