Songo – La Maya, 2 ago 2019.- En este artículo dedicado a las tradiciones les propongo recordar un poco uno de los aditamentos más usados en casa hasta que aparecieron las benditas lámparas recargables. Cuando uno mira hacia atrás se hace difícil el poder acostumbrarnos a esa llama que ponía negra la nariz y marcaba una pared, algunas hasta hoy llevan ese tatuaje inconfundible del pasado.
Y digo pasado porque en la actualidad es muy raro encontrar un candil en cualquier hogar, pero qué les parece si nos vamos a su historia. Es de suponer que luego del descubrimiento del fuego el hombre, poco a poco, trató de encontrar vías para alumbrarse, sin necesidad de mantener un fuego encendido toda la noche.
Pero en realidad, los descubrimientos arqueológicos nos muestran su origen en el siglo X antes de Cristo. También los estudios nos dicen que fueron los instrumentos habituales de iluminación hasta que en el siglo dieciocho y que fue reemplazado por la lámpara de Argand, inventada y patentada en el año 1780 por Aimé Argand. Esta a su vez sería reemplazada por la lámpara de luz brillante, y así hasta la llegada de la electricidad.
Lo reitero, suena casi imposible para muchos alumbrarse con candiles porque las velas a pesar de lo caras, son más limpias y están las lámparas recargables, pero también es cierto que en nuestra memoria está encendido ese candil con rastro de tizne en los apagones, testigo de cuentos y maldades, de la inocencia perdida y de los años viejos.