Songo - La Maya, de feb.- Han pasado más de 30 años y sigue ahí. Ciclones, aguaceros, días, noches… el tiempo que no perdona. Sin embargo él está ahí con algunas heridas, cierto, ¿quién puede mantenerse en pie sin un rasguño al paso de tres décadas? Nadie pone en duda esto, mas insisto, él sigue ahí.
Quizá mis escasos 12 años no me dejaban ver lo que se gestaba desde hacía unos cuantos meses allí donde estaba “El cañaveral de Cuza”, aquella señora con unos pelos blanquísimos dueña de todos esos terrenos o por lo menos así lo creíamos muchos.
Un estadio. Si, eso era lo que se construiría ahí mismo donde nos íbamos a comer cañas y enhebrar las mil y una maldades. Así iba tomando forma. Camiones y camiones llenos de piedras primero, luego de una arena rojizo – amarillenta colmaban el espacio allanado y plano ya.
Relleno mucho relleno se necesitó para hacer ese terreno de pelota que este 26 de noviembre de 2016 cumplirá 33 años. No pude estar en su inauguración.
Supe que en sus gradas y los alrededores se juntaron miles de aficionados al béisbol. Nadie quería perderse aquel encuentro donde lanzaría el gran Braudilio Vinent.
Ahora mismo no recuerdo las estadísticas del juego inaugural ni siquiera el contrario de Santiago ese día.
Lo que si sé es que el Estadio José Maceo de La Maya con heridas dejadas por el tiempo se erige hoy como la instalación deportiva insigne de este terruño.
Por mucho tiempo ha acogido a miles de aficionados para presenciar lo mismo un juego de la pelota en la base, que uno de la serie nacional o aquel juego memorable entre un equipo Cuba juvenil y uno universitario de Estados Unidos.
En él vi a Kindelán conectar kilométricos jonrones, a Pierre discutir acaloradamente una jugada, a Pacheco y Godínez fabricar los más impensables doble plays y así van sucediéndose ante el teclado de mi computadora múltiples recuerdos para no dejar en el olvido a este sitio que como ya dije es insigne dentro del deporte en nuestro territorio.
Treinta años es una vida entera. Hoy quizá necesite un poco de afeites este lugar donde se acuna tanto recuerdo bonito. No pueden quedar en el olvido todas las buenas jugadas, los certámenes de pelota, fútbol, jockey sobre césped y los despegues de atletas estelares que ayer y hoy están en el alto rendimiento deportivo de nuestro país.
Lo más importante es que él sigue ahí. Está en pie y ojalá por mucho tiempo.
Autor: Raquel Castro Milán