la palmita 1(Tomado del perfil de Facebook de Rafael Lara González)

Songo – La Maya, 26 sep 2019.- Cuando revisamos las redes sociales todo lo que se hable del terruño donde uno vive es interesante y no lo podemos dejar de reflejar. Por ese motivo hoy queremos dejarles con esta publicación aparecida en la red social Facebook, donde se reseña de manera excelente la historia del grupo músico -danzario portador de la cultura franco haitiana La Palmita.

Cuando publicaba la reseña de “Los Richard” de Guisa (Granma), alguien muy querida para mí, la cual respeto mucho, me felicitaba por estas reseñas dedicadas a elementos de nuestro Patrimonio Cultural Vivo en Cuba, pero también reclamaba un espacio para los pertenecientes a su provincia, aunque ya les he dedicado a La Conga de los Hoyos y al Bantú Yoruba de San Luis; Magaly Cabrera Brooks, Directora del Centro Provincial de Casas de Cultura en Santiago de Cuba, te complaceré con una reseña dedicada a una agrupación portadora de la cultura cubana que admiro mucho por su dignidad y resistencia cultural: “Los haitianos de la Palmita”, si bien los conocí en un Festival del Caribe en el año 1995, no fue hasta el 2012 que tuve la dicha de visitarlos en su propia comunidad, algo que no olvido, recuerdo muy bien cuando algo sorprendente pude apreciar en los cantos, si bien como todos los franco-haitianos eran en creole, se incorporaban como frases improvisadas por parte de aquel cantador, además de la emisión de quejidos al final o en el intermedio del texto, este solista después de hacer la primera parte vocal, donde generalmente narraba una historia o parte de ella, era apoyado en el estribillo con el resto del público, en este caso frecuentemente haitiano, así se establece el conocido dialogo musical bajo el tañido del tambor, me cuentan que en ocasiones las canciones de los haitianos y sus descendientes sirvieron de burlas a los guardias rurales y posteriormente fue más fácil oír, en una mezclada formación la alusión a hechos y personalidades que intervinieron en el acontecer histórico cubano. Su baile fundamental es el resigné, además de bailar merengue, masón, congó entre otros. El vestuario que desde sus inicios se utiliza en los varones es pantalón y camisa con vuelos en las mangas, las mujeres, blusas anchas y sayas amplias circulares que les permitan evolucionar mientras danzan, si bien ya los bailes de salón en agrupaciones franco-haitianas en Cuba se encuentran casi en el olvido y desaparecidas, cual fue mi sorpresa cuando presencié aquella mañana una muestra del resigné haitiano, por lo que sentí gran admiración y satisfacción al encontrar algo que estaba prácticamente extinguido en la cultura cubana.

la palmita 2Esta agrupación surge en la comunidad “La Palmita”; Consejo Popular “Los Reinaldo”, municipio Songo/La Maya, fundada por Antonio Mateo; haitiano que emigró a nuestro país, portador de una tradición devenida del caribe insular francófono, tuvo la iniciativa de trasmitir su heredado legado cultural a los descendientes que convivían en dicha comunidad, es entonces que se unen en este empeño Ovidio Vargas, Rafael Luis, Gustavo Poll y Santiago Fis, mientras no es hasta el año 1983 que se retoma la tradición, creándose la nueva agrupación portadora, bautizada merecidamente con el nombre de su creador; Antonio Mateo Mate.

La manifestación del resigné en las colonias del central “Almeida”, hoy complejo Agroindustrial “Los Reinaldos”, puede explicarse como una trasmigración de la danza, heredada de los antillanos haitianos que habían llegado aproximadamente en 1911 y de los que antes se habían dispersados en las colonias azucareras de Camagüey y el norte de Oriente. El resigné es la danza que los identifica, la misma está cargada de sensualidad y belleza; además de las tradiciones danzarias preservan elementos del lenguaje que son utilizados en sus cantos, así como tradiciones culinarias y mágico-religiosas.

La fiesta del resigné es un reflejo del estado anímico del negro haitiano que transforma en alegría y diversión y tiene como rasgo distintivo presentarse de principio a fin sin vínculo con lo ritual. Estas fiestas se realizaban todos los fines de semanas pero alcanzaban su máximo esplendor quincenalmente los días de cobro de las plantaciones agrícolas. Hombres y mujeres iban concentrándose desde el anochecer en grandes enramadas confeccionadas con pencas de guano formando aleros o tapizadas también en derredor con este mismo material. Las féminas con largas y anchas sayas o batas y sus cabezas adornadas con pañuelos de llamativos colores, como los esclavos africanos en sus días de fiestas.

En los alrededores del rústico escenario era frecuente encontrar pregoneros vendiendo maní tostado o en turrón: turrones improvisados cociendo en grandes calderas el gustado jacques (ajiaco), o unos reducidos grupos de ambos sexos preparando el tonton (fufú) con calalú (quimbombó); otros jugando dominó, dados, barajas entre otros juegos. Con la irrupción rítmica de los tambores y la voz de un hábil cantador, se van incorporando y comienzan a ejecutar movimientos eróticos, lascivos fundamentalmente en el elemento femenino que se generaliza en un clímax frenético de impulso sexual, que pudiera atribuirse a la reacción afrodisíaca de yerbita blanca, bebida típica haitiana confeccionada con aguardiente de caña, anís, canela, mejorana, hierbabuena, artemisa, hierba luisa, jengibre, dientes de ajo, pimienta picante etc. que se ingiere.

Los instrumentos utilizados eran: tres tambores unimembránofonos de parche de cuero de buey, atados por medio de burdas cuerdas de henequén, muy parecidos a la tumbadora, instrumento de percusión criollo en su forma de baúl. El tambor mayor debía ajustar y subrayar el movimiento de los bailadores, la mano izquierda graduada con hábiles movimientos, la intensidad de la resonancia, mientras que el mediano y el chiquito repicaban, este último puede tocarse con palos percusores, el ritmo era marcado con el zamba, hoja de guataca o azada de la agricultura.

Ostentan el Premio Nacional Memoria Viva que auspicia el Instituto de Investigaciones de la Cultura cubana Juan Marinello del Ministerio de Cultura en el año 2012, mientras en el 2013 el Consejo Nacional de Casas de Cultura le entrega la Beca de la Cultura Popular Tradicional a portadores de la cultura cubana con un monto de $ 10.000 pesos (Moneda Nacional) para su sustentabilidad económica.

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