fermin marti

Songo – La Maya, 11 jun.- El Apóstol, desde lo hondo de su pensamiento y honorable conducta personal, nos enseñó a cultivar la amistad como a la rosa blanca para el amigo sincero.

Al estudiar su obra, se aprecia que, a pesar de su corta estancia física, dedicó tiempo de sus reflexiones y conceptualizaciones a la importancia de la amistad. Con ese peculiar lirismo poético y hermosa gramática en epistolarios, artículos y versos, nos toma de la mano como un tierno padre que educa a sus hijos, desde la más exigente educación, hasta la más vasta cultura de los sentimientos, donde la amistad, según él, cuando anida en genuino nicho, es equiparada al amor.

Es un arte cultivar amigos y amigas, eso lo demuestra en la amistad sincera entre él y su amigo del alma Fermín Valdés Domínguez, por eso expreso: "Amigo es como ser de nuestro ser, como continuación de sí mismo".

Martí y Fermín Valdés fueron amigos desde la infancia, valiosa amistad, que comenzó por el año 1867, fortalecida por el amor a la Patria.

Por solo citar algunos ejemplos de su quehacer común, basta decir que juntos realizaron la edición del periódico “El Diablo Cojuelo”, y enfrentaron a temprana edad el tribunal colonial y la prisión cuando fue encontrada, en casa de los Valdés Domínguez, una carta suscrita por los dos en la que enjuiciaban la decisión de un condiscípulo de incorporarse al ejército español.

Las ansias de libertad y el régimen imperante hicieron que los dos grandes amigos se separan por largo tiempo. En una ocasión, Fermín embarcó a España luego de haberse envuelto en el proceso contra los estudiantes de Medicina, sin tener la menor idea de que se reencontraría con su hermano del alma. Madrid los une también en estudios universitarios: Martí, Derecho y Filosofía; Valdés, Medicina.

Ambos dejaron huellas imborrables en el libro de la historia y sus pasos eternos sirven de guía para las jóvenes generaciones. El valor de la amistad traspasa fronteras y con esa indiscutible fuerza se apodera de las personas de bien para encontrar, al fin, un mundo mejor, como lo soñó el maestro.