casa peladero(Tomado del muro de Facebook de Javier López Fernández)

Songo – La Maya, 17 oct 2019.- Nacer en Peladero Arriba*, raro privilegio. Resulta un paraje serrano enclavado sobre una "enorme piedra" (La Laja) de areniscas. De ser geólogo podría comprender la esencia y naturaleza que lo sustenta, aunque por eso de no "matar" la poesía prefiero quedarme con la imagen de “arriba” y así comprender mejor la vasta superficie que se plantea ante la vista. Lo real es que hay muchas rocas sedimentarias de diversos tamaños y formas diseminadas, por ello creo que aquel místico lugar cuyo nombre pudo ser “Vista Alegre”, con el decursar del tiempo se convirtió para siempre en Peladero Arriba. 

Infancia feliz
entre lomas y valles
piedras de areniscas
aljibe repleto de lluvia
mangos, mamoncillos
subrepticios melones
disfrute del aire.

Vivir en el “alto”, en una casa de madera con más de cien años, techo de zinc a cuatro aguas y “corredores” en tres de sus lados, proporcionó a nuestra infancia posibilidades increíbles, por ejemplo: durante los temporales —muy frecuentes hace 51 años— podía recorrer aquella “enorme extensión” de cemento pulido sin enfangarme los pies, asistido, claro está, por la vieja. Aquel corredor con baranda al frente era el espacio donde se juntaba la familia después de cenar, allí se nos hacía oscuro y bajo la luz del “quinqué” los viejos conversaban de “la vida”. Los temas eran escuchados con atención junto a mi hermano mayor (un titán). El no haber televisión hasta mis 7 años convirtió la palabra constante en la mejor manera de nutrir el pensamiento.

Cultivos fértiles
platos familiares
cuerpos curtidos
viriles y maternales.
Fuego en el espíritu
riquezas en los detalles.

Allí supimos que nuestra añeja casa fue especie de refugio para los combatientes del ejército rebelde, enlace entre los frentes de guerra, “fábrica” de brazaletes del 26 de julio, cocina obligada para los rebeldes y lugar ideal para esconder los camiones que en las noches llegaban hasta la carretera de Guantánamo a colectar gasolina para la técnica combativa. Conocimos también de las colectas clandestinas de dinero para comprar aviones destinados al II Frente (llegue a ver aquellas libretas repletas de nombres y cifras), además de los bonos emitidos como comprobantes de la contribución a la revolución. Un pasaje enaltecedor resultó de los días de la ofensiva final, la comida que llegaba a la Curva del Aguacate para el puñado de combatientes que detuvo el refuerzo proveniente de Santiago de Cuba, al sitiar y rendir la ciudad de Guantánamo, fue cocinada y llevada en mulo por intrincados caminos desde allí. Por lo que se me ocurre pensar que fueron más de quince valientes escopeteros al mando del Moro (Tony Elías) quienes detuvieron el “legendario” contingente motorizado y armado hasta los dientes.

Polvorientos trillos
sinuosos fanguizales
zapatos raídos
entrelazadas charlas
íntimos mares.

¿Cómo renunciar a las historias que colmaron la infancia y nos llenan de orgullo? También hubo miles de conversaciones interesantes sobre cosechas, bueyes, vacas, arte, cultura, política, honestidad, valentía, humildad y sobre todo: que estudiar nos podía conducir a ser prósperos espiritual y materialmente. Jamás en las conversaciones recuerdo que se hablara mal de alguien (los viejos fueron muy sabios). Mi papá, en medio de la situación de los campos cubanos antes del 59, logró comprar un camión y un jeep “moderno” y así compensar la cruda realidad trabajando con mejores condiciones y posibilidades. La vieja se había hecho maestra de corte y costura en dos sistemas de estudios (Rocha y Ana Betancourt). Enseñaba y aportaba a la economía de la casa al tiempo que legaba la posibilidad del arte de coser a otras mujeres de aquel noble lugar. En el 69´, cuando di los primeros pasos, éramos campesinos con ganas de seguir avanzando.

Educación sin desaires
paciente entrega
anonadada pasión
cruda certeza
orfebre misión
ellos, incondicionales.

Estudiábamos, pero también trabajábamos con el viejo en las labores de la finca: recogíamos huevos, encerrábamos terneros y carneros (llegaban por periodos hasta 70 en el rebaño), pastoreábamos, bombeábamos agua del pozo del camino, recogíamos y desgranábamos maíz durante las cosechas, al igual, narigoneábamos los bueyes y de vez en cuando tirábamos nuestros surquitos con el arado, también hacíamos travesuras y nos escapábamos al río. Afirmo que crecimos con el rigor, regulado, del trabajo y el estudio. El lápiz y el azadón fueron compañía durante nuestras vidas.

Continuidad libre y fiel
aspiraciones a raudales
dinámicos pensamientos
verdades ancestrales.
Laboriosa intensión
en círculos astrales
expandieron el amanecer
en aquellos sanos lares.

Tal vez no fuimos los mejores campesinos (mi hermano y yo) pero si buenos estudiantes. Aprendimos de los viejos a pulso y en consecuencia hemos legado a nuestros hijos una cultura de fidelidad y sacrificio para obtener lo necesario, conscientes que la miseria es un estado mental y aferrarse a ella es renunciar a la enseñanza primaria y básica: “se viene al mundo a ser próspero, con honestidad”. Hoy nuestros hijos grandes son orgullo y los pequeños vienen marcando el paso. Por ello y otras cosas más ¡Quién contra nosotros!

* Enclave rural, en las estribaciones de la Sierra Canasta, cordillera que se extiende de Este a Oeste en los términos del municipio Songo - La Maya, Santiago de Cuba. Las familias viven en fincas dedicadas al ganado menor y mayor y al cultivo de viandas y granos (maíz y frijol). Disfrutan de electrificación y cuentan con una bodega de alientos, escuela y un consultorio con médico y enfermera para las familias. Las necesidades internas de alimentos se realizan fundamentalmente mediante el trueque de productos. La vida es sana, el aire puro y el agua se obtiene de pozos criollos y artesianos.

Por: Javier López Fernández, 

Profesor investigador de la Universidad de La Habana


 

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