(Tomado de AM-PM)barberia fuerza y luz

Songo – La Maya, 20 may 2019.- Fuerza y Luz (Unicornio, 2018), segundo fonograma de Luis Barbería en solitario, es otro de esos discos a tener en casa, en la fonoteca, en el alma. Su nuevo álbum es una sumatoria de versos de amor, un derrame sostenido de historias entre el abrazo y el abandono, la fe y las ganas de vivir.

Muchas de las canciones del nuevo disco de Luis Barbería surgieron mientras pasaba un ciclón por la capital cubana; el hombre no soportaba las rachas y decidió matar el tiempo a base de nuevas melodías. De ahí que este disco no sea una sucesión de añosos temas, aun cuando en los arreglos haya tratado de ir al origen del sonido con aquel Habana Oculta, claro, con mejor grabación, mezcla y masterización y la madurez que traen tantos años junto a la guitarra y los amigos.

En diez tracks Luis Barbería va del bolero a la rumba, o los une en un mismo tema, entra a esa zona en que el ritmo bailable se trueca con lo más noble de la canción cubana. Osaín del Monte le acompaña precisamente en el título Ruta del tambor, donde muestran ese paso por la rumba en medio de una historia de amor que bien merece un videoclip, una coreografía, un tiempo para la escucha honda.

Cuando repaso el disco de Barbería vuelvo a sentir que existen creadores que hacen música de resistencia, les guste o no. Estas canciones rehúyen el facilismo y corren el riesgo de no ser de consumo, trending topic, porque no ceden ni aun cuando se asoman al pop o a otros géneros más consumidos, como sucede en Magia que embelesa, junto a Yaíma Orozco, o el tema que abre el disco, Tú lo que quieres es funky. Igual uno agradece porque siente que es un trabajo sostenible, que se puede volver a escuchar años después sin que el tiempo desgaste mucho las piezas.

El fonograma contiene arreglos efectivos, que arropan y realzan cada melodía, todos del propio cantautor, quien sale otra vez al ruedo como productor, y con la ayuda de músicos como Rolando Luna, Gastón Joya, Rodney Barreto, Nam San Fong, Julito Padrón o Adel González. A los nombres citados sumemos las voces de Haydée Milanés, Osaín del Monte, Alain Pérez, la musicalísima Beatriz Márquez, Toques del Río, el ex Qva Libre Lenier Waño, y la ya mencionada Yaíma Orozco.

Cuando rueda el segundo tema del disco canta Norisley Valladares Gómez (El Noro), y aquí “el Primera Clase” se abre paso de manera soberbia en este bolero titulado Distancia de luna. Los graves de Luis Barbería lo dejan mostrar luz, su paso a los tonos medios y el roce con algunas notas altas muestran la calidad de este cantante al que estamos acostumbrados a escuchar en la escena del son y la timba.

Fuerza y Luz no es un disco pensado para duetos, ha dicho el propio Barbería. Sin embargo de manera fortuita aparecieron los invitados y las voces ya quedaron en el fonograma. Para “el Habana Abierta”, acostumbrado a ponerse al lado lo mismo de Serrat que de Kelvis Ochoa, Ketama o Javier Ruibal, no es asunto complicado. No obstante, en su anterior fonograma se le escucha más cómodo acompañado por los arreglos vocales junto a Sexto Sentido.

Barbería ha aprovechado bien el tiempo: sus discos suenan de altura, ha escogido certeramente músicos y estudios, y el resultado es una obra de altos quilates, un sostenido bregar donde este pinareño aparece para mostrar con un nuevo disco que tiene mucha música, y efectivamente, fuerza y luz.

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