prohibidoSongo - La Maya, 27 de feb. - ¿Alguna vez has deseado algo que no puedes tener? ¿Te has dejado llevar por la aparente atracción que tiene lo prohibido? ¿Y cuándo te dicen “no hagas esto” es cuando más te inclinas a hacerlo?

Descuida, porque no eres la única persona que se ha visto o se ve en este tipo de situaciones.

Dice un refrán que la fruta prohibida es la más apetecida y que la cosa vedada es la más deseada. Seguramente a todos o a casi todos nos ha ocurrido alguna vez que nos encontramos en la encrucijada de querer y no poder, pero para muchos querer es poder y por alguna razón así lo entiende nuestra mente.

¿Quién de nosotros no ha sentido la tentación de desobedecer alguna regla, transgredir un límite, desafiar lo que está establecido como lo correcto?

Basta con encontrarnos ante una limitación para que todas las alarmas de nuestro cerebro se pongan a la búsqueda de la vía de escape para sobrepasarla.

El escritor Orjam Pamuk, Premio Nobel de Literatura dos mil seis, en su libro "Me llamo Rojo", escribe en uno de los pasajes de la historia:         "Nosotros, los hijos de Adán, podemos conseguir un gran placer con algo a pesar de que nuestra conciencia y nuestra inteligencia sepan que está feo y mal".

Prohibir no es otra cosa que negar, establecer un impedimento a determinada acción. Algunos lo aceptan sin discusión y se someten a ello, otros asumen actitudes de rebeldía y resistencia.

Las prohibiciones pueden variar de una época a otra; por ejemplo hay quienes dicen que ahora hay más libertad y menos prejuicios en materia de relaciones, que los adolescentes y jóvenes son más independientes y rebeldes, y que han cambiado los conceptos de lo que está bien o mal, es decir, lo que "debe o no debe ser".

Vivimos en un momento donde estas cuestiones son conductas diarias, es difícil imponer reglas claras y hay una fuerte costumbre por enfrentarlas. No por gusto hay filósofos que dicen que andamos siempre a la caza de lo que nos está prohibido y deseamos lo que nos niegan.

Cualquier norma o prohibición, dictada por otro, es ajena a la propia conciencia. No obstante, si la norma se obedece porque la conciencia ya ha juzgado sobre ella y la ha aceptado, entonces no resulta extraña ni impuesta.

Hay prohibiciones establecidas por la ley, por la escuela, los centros de trabajo, por los padres, por la sociedad, por la religión.

Algunas prohibiciones se plantean ante un peligro, como por ejemplo “no nadar en determinados lugares”, para evitarnos un daño ya sea físico o emocional, por evitar molestias a otras personas, como “no fumar en lugares cerrados “, no ingerir bebidas alcohólicas antes de conducir”…

Otras son de tipo moral y pueden plantearnos un dilema con nuestra conciencia, el ejemplo más claro y seguramente más común es fijarse en una persona con la que sin duda hay una atracción sexual, pero que por una o varias circunstancias esta relación no puede llevarse a cabo.

Está también el caso de interesarse en la pareja de alguna de nuestras amistades o familiares. Es ahí donde nos hacemos la pregunta: ¿Qué hago, me dejo llevar por mis emociones o respeto la fidelidad?

El famoso escritor Edgar Allan Poe sintetiza bien la resistencia al cumplimiento en la siguiente pregunta: “¿No tenemos una perpetua inclinación, pese a la excelencia de nuestro juicio, a violar la ley, simplemente porque comprendemos que es la ley?”.

El hecho de desear lo prohibido no es una simple actitud de adolescente que consiste en llevar la contraria. Nuestro cerebro interpreta cada prohibición como un freno para llevar a cabo aquella cosa que nos gustaría experimentar y esto nos lleva a una frustración ante lo prohibido que provoca un deseo mayor.

Es decir, sentimos la prohibición como una limitación de nuestros actos que afecta directamente a nuestra libertad. Entonces sentimos la inclinación de ver esos obstáculos como un reto o desafío que tenemos que sobrepasar para conseguir la experiencia que deseamos. Esto a veces puede provocar que, una vez realizado, pierda la magia y el deseo de lo prohibido.

Hay quienes se ven especialmente atraídos por lo que va “contra las reglas” en diferentes cuestiones, ya sea la educación, en la sexualidad, en las relaciones humanas, y un gran etc.…

Incluso desde que somos pequeños en la infancia se nos enseñan cuentos donde constantemente se practica la desobediencia, como La Caperucita Roja, los Siete Chivitos, Blanca Nieves, o la Bella Durmiente, pues sus protagonistas casi nunca hacen caso a los consejos que les dan.

Ah, pero después vienen las consecuencias y deben responsabilizarse de sus acciones.

Hay que estar claros de que las prohibiciones bien justificadas –y su seguimiento– constituyen un factor muy importante a favor del crecimiento y la madurez personal. Y que en todos los casos es mejor la obediencia que las víctimas.

Te recomiendo ser una de esas personas que libremente obedecen y asumen las justas prohibiciones. Conducirte así puede ayudarte a madurar; a ser más tú mismo; a incrementar tu libertad; a aceptarte como eres y ser un poco más feliz.

Autor: Liliana Sierra Sánchez

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar

maulin             rogelio

Songo – La Maya cuenta     Cubatiene                                                                                   

Maylín Ross Torres              Rogelio Ramos Domínguez

 liliana                      raquelllll

Gitana Tropical                   Soy la misma

Liliana Sierra Sánchez        Raquel Castro Milán

 

Síguenos en facebook

Nuestra radio online

Escúchanos online