Songo – La Maya, 24 oct.- No pude ver la ventana donde Luz Vázquez escuchó por primera vez La Bayamesa, es imperdonable, los camiones dejan poco tiempo entre uno y otro y fui a Bayamo solo a encontrarme con Juan Carlos Roque, a recibir de su mano el texto Como Cuba puso a bailar el mundo.
Me debo esa visita, como me debo ir hasta la tumba de Sindo, pero volveré. Bayamo seduce en mucho sentido. Nos fuimos mi cámara y yo desde la madrugada, recorrer casi 200 kilómetros, en camiones de metales tortuosos imita el sentir del mulo en el abismo, pero uno trepa con la inocencia controlada por el deseo, la gana de conocer y reconocer a grandes de la música cubana, a gentes que escuchó en una radio de onda corta mientras el país se discutía entre la nada y lo poco, por eso nos fuimos, mi camarógrafo y yo, mi amigo Arnoldo Fernández y su esposa, unos pocos minutos a Bayamo.
Según los conocedores se podría llegar a Bayamo desde Santiago de Cuba en dos horas, pero los camiones suelen recoger en el camino y se demoran más en esas máquinas de ningún confort, de modo que lo nuestro duró casi tres horas de camino, en medio de platanales y tierra sin sembrar, de gente vendiéndolo todo y nada, de hermosas escuelas y cementerios silenciosos con sus trazas de dolor y gris.
Así que llegamos y tras un leve toque gastronómico (excepcional en Bayamo) atravesamos viejas calles cuidadas como pocas hasta Llegar a la Upec, poca gente aún y Juan Carlos Roque salió al paso, poco tiempo y pasamos contenidos a una memoria para que sonara a Buena vista… la Upec de Granma es acogedora, fue poco tiempo, pero ahí el abrazo sabe a verdad pura, ojalá no pierda colores nunca.
10, 15 minutos, algo más de las 11 y arrancamos, David Rodríguez Rodríguez usa la palabra, es Compay, Eliades, Omara, Aguaje, Juan de Marcos, Rubén… todos ellos y a toda Cuba le gusta entonces bailar, de Alto Cedro a Marcané, De Santiago de Cuba a Bayamo.
Poco tiempo y lo cubano desbordaba el 20 de octubre, estábamos atrapados entre la presentación de un texto de Abel Prieto y la develación de una estatua de cera a Sara González.
Jóvenes de guitarra en mano, un español, otros periodista: Progreso, Rebelde, Radio Bayamo todos en el mismo lugar, el libro de Juan Carlos Roque enciende la chispa y unos y otros retoman la música cubana, uno es feliz en esa tierra del himno nacional, de la primera canción con tintes de cubanía. Bayamo. Un sitio en Cuba donde por 10 CUC comen ocho personas con firmeza.
El día pasa factura. No pude ver la ventana de Luz Vázquez, ni la tumba de Sindo, pero he conocido gente preciosa, he recibido el libro Cómo Cuba puso a bailar el mundo de manos de su autor, leí allí fragmento para el público, esta vez más que selecto, y he tenido uno de los mejores días de 2017. Un año que muestra una pinta horrible, llena de huracanes, terremotos y un tipo que no deja de escupir desde su ventana de Twitter, pero hay estos deslices de lo bello.
Uno va a Bayamo y puede abrazar a gente que da la vuelta al planeta para hablarnos de cantores, de discos y entonces sabemos que la felicidad es posible, aunque se vaya, siempre va a volver, tocar la puerta, como le hizo a estos añosos músicos que a los que a los 70, 80 o 90 años mostraron “Cómo Cuba puso a bailar al mundo”. Gracias Juan Carlos.