Songo – La Maya, 10 may.- Rueda la cámara y aparece un joven musculoso. A su alrededor, un grupo de muchachas lo seducen mientras ejecutan movimientos pélvicos con sus vientres desnudos. Esta imagen, bien actual, puede ser la de cualquiera de los videoclips cubanos, que en ocasiones inspiran un modo de vida muy alejado de la realidad nacional.
Hoy, ya no se concibe un artista que grabe un disco y no tenga al menos un videoclip que lo lance al mercado.
Para algunos expertos un video clip es “Un formato audiovisual fundado y alentado por la industria discográfica como estrategia de marketing para favorecer la venta de discos”.
Si bien las imágenes deben ser atractivas, nada justifica la venta de actitudes o patrones de comportamiento denigrantes.
En la mayoría de los videoclips actuales se resaltan estereotipos de masculinidad añorados por los jóvenes, principales consumidores de estos productos comunicativos. El papel del tipo duro, insensible y exitoso constituye uno de los íconos machistas más abordados en las últimas muestras.
¿Y qué hablar de las mujeres? Aparecen convertidas en símbolo sexual, como simples elementos decorativos que solo deben cumplir dos requisitos: adular al hombre y agitar su anatomía al ritmo de la música. Se tiende a verlas como objetos de placer, o como débiles, necesitadas de protección, de cuidado y, por tanto, subordinadas al hombre.
Esto es lo que llamamos violencia simbólica, un tema en el que hoy se hace mucho énfasis
Sobran ejemplos de videos que causan pena, y también risa. Y es que algunos directores tienen la costumbre de reflejar en sus clips una Cuba inventada, de exportación, una copia de los productos que transmiten las grandes transnacionales de las industrias culturales. Por otra parte, el culto a las pertenencias materiales sobrepasa el límite. A veces los videos nos muestran un modo de vida sofisticado, de personas con alto nivel adquisitivo, que nada tiene que ver con el cubano común.
Y estos no son los peores. En algunos videoclips, cobra tanta importancia el placer que parece que vivir sin trabajar fuera la alternativa para llegar a la absoluta felicidad.
En fin, cómo pueden los adolescentes y jóvenes no caer en la banalidad y en conductas incorrectas cuando les repiten de manera constante que hay que «beber ron y cerveza», y “fumar como un demente”, tal como indican los temas de Los Ángeles y Willy Campa.
Muchos de los clips cubanos subordinan la calidad estética a lo banal. No es menos cierto que están concebidos para promocionar; pero una imagen agresiva, aparejada a letras vulgares, nunca constituirá un hecho artístico destinado a trascender.
El consumo de estos productos puede influir de manera negativa en los modos de pensar y actuar de los más jóvenes, y poner de algún modo en crisis sus valores.
El problema está en que estos por lo general no se detienen a reflexionar acerca de los mensajes que trasmiten muchos videoclips, como ya analizamos: machismo, violencia, superficialidad, apego desmedido a lo material, y hasta algunos que rayan en la pornografía.
Esto a veces puede ser un instrumento de manipulación, y producir en los oyentes diversas consecuencias, pues modifica valores, crea opiniones y genera grupos de pertenencia, creencias e identidades.
En ocasiones son mensajes que justifican la agresión, los malos tratos, el acoso a las féminas con argumentos como la pasión, el amor, los celos, el alcohol, la marginalidad.
Es innegable que el audiovisual surge como estrategia de venta para las disqueras, pero el fin publicitario no puede atentar contra la idiosincrasia ni los valores morales de la audiencia, como manifiestan en muchos casos los videoclips actuales.