
(Tomado de Agencia Cubana de Noticias)
Songo – La Maya, 27 nov.- El santiaguero Agustín Castellanos Pacheco recuerda hoy, con plena lucidez, los combates en los que participó como miembro de la Columna 17 Abel Santamaría en la última etapa de luchas que condujo al triunfo del Primero de Enero.
De estatura pequeña pero gigante por su valor, demostró con creces esa virtud en la toma de poblados como Alto Songo y La Maya, en la emboscada al enemigo en El Socorro y en otras misiones.
Tenía 23 años cuando ocurrieron las acciones rebeldes de noviembre de 1958 en Alto Songo, donde nació en la zona de La Guira, en Jarahueca, en el seno de una familia campesina muy humilde.
Las secuelas de la guerra están en su cuerpo y en el alma, ya que su hermano Antonio, de 17 años, y según el propio Agustín más valiente que él, cayó en combate el 26 de diciembre durante el ataque a Palma Soriano.
En libros que reseñan el quehacer revolucionario de la columna dirigida por el Comandante Antonio Enrique Lussón, aparece Agustín en fotografías de la guerrilla y sus testimonios.
Uno de los títulos que guarda con celo, Por la senda de los mambises, de la editorial Verde Olivo, 2013, en la contraportada cuenta del grupo guerrillero surgido en Alto Songo a inicios de 1958, que por su probada combatividad fue asimilado por el Ejército Rebelde.
En él estaban Agustín y Antonio. Ambos fueron testigos de la liberación del entonces término municipal, el 27 de noviembre del propio año, y los aires de libertad que respiraron sus habitantes, pero antes acontecieron importantes hechos.
A principios de ese mes se puso en marcha la denominada Operación Gancho, con el fin de frustrar las elecciones generales convocadas el día tres por la tiranía para mejorar su imagen.
El plan aprobado por el entonces Comandante Raúl Castro, Jefe del II Frente Oriental Frank País, comprendió varias misiones y a la Columna 17 le correspondió Alto Songo, con el ataque al cuartel, ayuntamiento, junta electoral y jefatura de policía.
Además, el apostadero de la guardia rural que custodiaba a cinco kilómetros la estación eléctrica de La Araña, la cual sería destruida para ocasionar un apagón en todo el territorio.
Luego de cinco jornadas de combates fue tomado el poblado en una contundente victoria, ya que no funcionó ni un solo colegio y dejó una valiosa experiencia para jefes y combatientes.
El 21 de noviembre el Comandante Lussón dictó las instrucciones generales para las acciones que le correspondieron en el plan ofensivo del II Frente, en la denominada Operación Flor Crombet, aprobada y dirigida por Raúl Castro como parte de la ofensiva final.
Otra vez estuvo Alto Songo en la mira de la Columna 17, que inició los ataques 48 horas después contra las guarniciones de ese enclave y luego de La Maya y San Luis, en cooperación con otras fuerzas.
A diferencia de la vez anterior, en Alto Songo el enemigo solo contaba con el cuartel, aunque esa posición era la más difícil por su ubicación en una altura.
Los rebeldes cavaron trincheras para protegerse del fuego de los sitiados y de los indiscriminados bombardeos de la aviación, que también hizo blanco en sus propios soldados.
Sorpresivamente estos últimos agitaron los pañuelos en señal de rendición, en medio de la metralla aérea del enemigo.
Constituyó la segunda toma de Alto Songo la victoria que trajo su liberación definitiva, y aportó una buena cantidad de armas y parque, puestos en función de tomar el cercano poblado de La Maya.
Escrito por: Marlene Montoya Maza