Songo – La Maya, 30 oct.- José Martí fue un hombre de un pensamiento intelectual de avanzada para su época. Abogó siempre por la libertad del hombre y su derecho a vivir en un país libre y soberano. ¿Pero, y la mujer? ¿Qué pensaba el apóstol sobre ellas? Cuando se refería al hombre, lo hacía siempre en términos de humanidad y nunca al género hombre como tal.

En un momento en que la mujer estaba reservada para las labores domésticas y pocas eran las que salían a las calles a exigir sus derechos como ciudadanas ya Martí analizaba, escribía, indagaba y llegaba a conclusiones sobre los problemas y las cuestiones femeninas. Su visión de la mujer como trabajadora calificada y dirigente evolucionaba de un concepto negativo a uno muy positivo en pocos años, gracias a la capacidad demostrada por estas en el ejercicio de cargos públicos. De la mujer expresó: “De lo feo del mundo se busca alivio en la mujer, que es en el mundo la forma más concreta y amable de lo hermoso”.

Cuando escuchamos hablar de Martí y la mujer, lo primero que nos viene a la mente es ese bardo enamorado, caballeroso, poeta y romántico que a no pocas mujeres conquistó y sigue conquistando hoy en día con sus bellos escritos. Además se recuerda como el buen hijo que fue, a través de aquellas cartas llenas de ternura y amor mientras cumplía condena durante su encarcelamiento a temprana edad. O como aquel hombre lleno de admiración y respeto hacia Mariana Grajales, la madre de los Maceo.

Para muchos fue un hombre con ideas machistas y para él la mujer solo era virtuosa cuando lograba equipararse al hombre. Pero Martí no era machista; sino que era un pensador que abordaba los temas desde su masculinidad y desde su época. Momento en el que existían toda una serie de estereotipos alrededor de la mujer y a su rol en la sociedad.

Su viaje a los Estados Unidos lo nutrió y lo ayudo a desprenderse de algunos conceptos latino-costumbristas sobre la mujer. Comenzó a escribir crónicas en las cuales elogia el trabajo desempeñado por mujeres escritoras, abogadas y educadoras entre otras. Por eso hoy las mujeres están presentes en cada acto de la Revolución, dispuestas siempre a dar un paso al frente en cualquier esfera de la vida política y social, forman parte fundamental en la sociedad, no solo por su papel de madre y esposa sino también como profesionales, a ellas las gracias por existir.

Y acompañado siempre de la presencia martiana ya me despido. “Esta mujer cubana, tan bella, tan heroica, tan abnegada, flor para amar, estrella para mirar, coraza para resistir”.

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