Songo – La Maya, 25 oct.- Justo hoy hacen cinco años que supe a golpes y porrazos qué era la fuerza de la naturaleza desatada a nivel extremo. Sandy ese huracán con nombre inofensivo se encargó de hacérmelo saber.
¿Cuántos de nosotros los songomayenses no recordamos como si hubiese sido ayer el paso de ese abominable fenómeno por este terruño? Fueron horas terribles las vividas. No había para dónde mirar sin encontrar una huella dejada por la furia de Sandy.
Pasaron horas de una desolación aterradora, había tristeza mucha tristeza. Y hubo llantos, lamentos, incertidumbre, desconsuelo, desesperanza, desaliento, una inercia pesada movía a todos. Se imponía el orden y el trabajo.
Entonces llegó el abrazo de consuelo, el apretón de manos, la solidaridad humanizada, la mano amiga para empujar juntos a la tierra herida.
Todavía hoy cuando han pasado cinco años y otros fenómenos han atravesado la isla por otros sitios nosotros los songomayenses no olvidamos aquel huracán que de golpe y porrazos nos hirió en lo más profundo.
Y entonces también recordamos a quienes llegaron de lugares tan lejanos como Artemisa, Mayabeque, Pinar del Río o La Habana con la ayuda oportuna para reconstruirlo todo y levantarnos de aquella experiencia amarga.
Hoy vemos otro panorama eso nadie lo pone en duda, se respira otro aire en este terruño aunque no olvidemos a Sandy.
El tiempo que todo lo puede ha pasado y el sentimiento de desesperanza y angustia se ha borrado para traernos de vuelta el entusiasmo, la alegría y el deseo de seguir adelante construyendo futuro.