Songo – La Maya, 29 nov.- El único autógrafo digno de un hombre es el que deja escrito con sus obras. Frase martiana que tiene vigencia hoy cuando toda Cuba y el mundo continúa de luto por la pérdida de ese hombre, de ese grande, Fidel Castro Ruz.

Martí siempre ha estado en Fidel. Su sentido de la moral, de la dignidad humana, del camino de servicio que se ha de emprender en la vida, hace de nuestro Comandante un fiel discípulo del apóstol. fidelmarti

No cabe duda de que Martí y Fidel constituyen unas de las figuras históricas más emblemáticas de los siglos IXX y XX. Son el sol y la luz de la Nación Cubana, uno emergió del otro… “Cuando parecía morir en el año de su centenario… Cuando parecía que su memoria se extinguiría para siempre”. Fidel se apoderó de toda la luz que le ofrecía el Sol del Maestro e iluminó para siempre el porvenir del digno pueblo cubano.

El líder estudiantil y el joven abogado que se introdujo en las ideas políticas, demostró disponer de un sólido conocimiento de la historia patriótica cubana y de un extenso manejo de la obra martiana.

Hace más de 30 años Fidel manifestaba una idea que hoy no solo tomaría en cuenta, sino que constituye un basamento eterno para nuestro acercamiento y nuestra comprensión del mayor de los cubanos. Podemos decirle a Martí que hoy más que nunca necesitamos de sus pensamientos, que hoy más que nunca necesitamos de sus ideas, que hoy más que nunca necesitamos de sus virtudes.

Ese papel de guía eterno, de ejemplo de conducta y de alineamiento con los pobres de la tierra frente a toda la injusticia, de preocupación por el decoro y la dignidad, son quizás los elementos esenciales de Martí asumidos por Fidel, quien se ha encargado de transmitir esos valores una y otra vez.

Fidel se inscribe en la historia como líder moral, continuador de esa gran fuerza que proclamaría Martí que es el amor, el amor a los seres humanos y a su vida digna.

Cuánta verdad, en su declaración pública de 1955: “Es el apóstol el guía de mi vida”. Y acompañado Fidel siempre de la presencia martiana deja un legado al que todos los hombres y mujeres de bien deben acudir una y otra vez. “Haga hombres, quien quiera hacer pueblos”.