
Songo – La Maya, 11 jun.- Mucho se habla en los últimos tiempos de la igualdad entre hombres y mujeres. Tema en el que Cuba ha alcanzado muchísimos logros, y las féminas ocupan cada vez más espacios.
Sin embargo, todavía impera el machismo en gran parte de nuestra sociedad y no son pocos los que continúan resaltando las “diferencias” existentes entre ambos sexos.
Hay quienes afirman que mujeres y hombres son totalmente distintos en todos los aspectos, sin embargo no es tan así.
Si bien existen algunos elementos biológicos que los separan, está comprobado que tienen las mismas posibilidades.
La sociedad moderna ha permitido a la mujer ganar independencia, libertad e igualdad de oportunidades respecto al hombre.
Cada día son más atrevidas y se desempeñan en actividades consideradas tradicionalmente como varoniles. Nada les impide sentirse realizadas y útiles.
El hecho de pertenecer al sexo femenino no implica inferioridad, solo está en el pensamiento de las personas debido al machismo reinante durante siglos.
Y es que casi desde el comienzo de la civilización, se ha percibido cierta diferencia entre hombres y mujeres.
En la prehistoria, los hombres eran los fuertes y se ocupaban de cazar. Las mujeres se mantenían al tanto de los hijos y de la cocción de los alimentos.
Al menos en Cuba, los hombres y las mujeres en Cuba son iguales en derechos; en deberes; en dignidad; en humanidad y en inteligencia. Por tanto, pueden realizar las mismas tareas y alcanzar idénticos objetivos en lo personal y profesional.
Claro está, existen diferencias innegables. Pero esas, solo en el campo de las ciencias.
Recientes investigaciones aseguran que el cerebro femenino y masculino es igual en inteligencia, pero notablemente diferentes en estructura y funcionamiento,…lo cual establece una conexión entre cerebro, hormonas, comportamientos y aptitudes.
En sentido general, las investigaciones apuntan que el hombre es más apto que la mujer para las actividades que exigen una profunda concentración, como la pintura y las matemáticas.
Eso no significa que no existan mujeres capaces de concentrarse en un trabajo o de pintar bien y realizar difíciles cálculos.
De igual forma, las féminas son mucho más sensibles y sobrepasan al hombre en la capacidad de realizar diferentes actividades al mismo tiempo. También ellas están más desarrolladas en la esfera emocional.
Estas no significan que un sexo sea más importante, ni mejor, ni superior que el otro, pues cada uno aporta características y funciones distintas.
El hecho de ser hombre o mujer no está determinado por los órganos sexuales exclusivamente, pues esto también incluye una combinación compleja de creencias y comportamientos.
Claramente, aunque la sociedad imponga un conjunto de normas con respecto a lo que es masculino y femenino, estas no abarcan cómo nos sentimos realmente, cómo nos comportamos o nos definimos a nosotros mismos.
Las culturas enseñan que los hombres y las mujeres son opuestos en muchas formas, pero la verdad es que tenemos más similitudes que diferencias.
Tradicionalmente se han asociado unos estereotipos a los varones y otros a las mujeres. Así, se consideraba que todo ser humano nacido varón tenía que ser valeroso, inteligente, fuerte y ganar mucho dinero para mantener a su familia.
Del mismo modo, toda mujer debía ser bella, débil, inocente y tener como objetivo vital el casarse y tener hijos.
Si aceptamos los estereotipos como guías para nuestro propio comportamiento, eso impedirá que determinemos nuestros propios intereses y habilidades.