
Songo – La Maya, 30 may.- Hoy el español es la tercera lengua hablada en el mundo con cuatrocientos millones de hablantes.
El castellano, como también se le conoce se habla, ya usted lo sabe, en Cuba, México, Colombia, Argentina, Venezuela, Perú, Chile, Ecuador, República Dominicana, El Salvador, y otros países latinoamericanos así como en Canadá, Estados Unidos y Guinea Ecuatorial.
El español es un idioma que ha saltado las barreras impuestas por países religiones o costumbres y que se ha instalado para describir nuestras vidas y ayudarnos a entrever todo el entorno nuestro.
A ese idioma debemos los amores, las desventuras, los poemas, las canciones y muchas de las cosas que hoy nos acompañan.
En español usted puede haber enamorado a la madre de sus hijos, en español, recibió las clases de sus maestros, en español nombró por primera al padre que tanto espera esa ansiada palabra.
En español supimos los cubanos de la muerte del Che, de la epopeya de Angola, de las guerras del mundo.
En español también pudimos leernos a Cervantes y Machado, a Guillén o a Lezama, Cortázar o Borges.
En español nos llegó la CMQ, la RHC, Radio Rebelde o Radio Progreso.
En español el Padre de la patria, Carlos Manuel de Céspedes, dio la libertad a los esclavos, hizo leyes forjó futuro.
En español, así con todas sus letras hemos hecho cada una de las acciones de nuestras vidas, de la historia de este pequeño- inmenso país, por eso ahora que el nuevo curso apunta a la defensa del idioma una vez más me pongo el regocijo y escucho a los estudiantes.
Ellos con sus criterios llenos de desenfado, con la inquietud a flor de piel hablando con las mismas palabras que debieron haber usado Martí o Alfonso Reyes.
En ese español que el curso próximo volverá a medir con rigor cada prueba, sea de literatura, química, geografía o historia.
El idioma en su patio con sus puntos en las íes, las zetas inexplicables, las haches aún sin habla, las jotas que tanto marginó Juan Ramón Jiménez.
El español de Guillén, Piñera, Lezama o Casal vuelve a los rigores, para que muchos años después en un sitio del cual ojalá tengamos memoria podamos entendernos definitivamente.