
Songo – La Maya, 25 sep.- Un día me voy a morir de cualquier cosa, de una sanción, de zika, de un chivatazo, de un buen palo, de la emoción (pero este país que me arrebata), de una canción rotunda, de tanta Claudia hermosa, de no sé qué pero lo que es bien serio es que un día entro en la caja de anacahuita y el adiós estará en esos amigos, en esos hijos, en esa mujer que me ha amado tanto, pero aún quedo, y solo puedo decir adiós a otro de esos tipos que admiro mucho.
Se murió Leonardo Acosta, que claro está tiene sus detractores pero a mí, en Cable a Tierra un programa que él me ayudó a construir, el dolor es cierto. Lo descubrí tarde, con aquella primera “Descarga de Jazz”, sin fotos, no la edición moderna, y luego lo fui encontrando en sus contradicciones con el más pinto. Acosta, tenía paz con muy pocos, solo con su búsqueda de una verdad que lo llevaba a dilucidar sus “disgustos” con la banda de Benny Moré, su modo de negar la paternidad del bolero dada a Pepe Sánchez, que Jorrín no inventó el Chachachá diría o que los complejos genéricos eran un soberano disparate.
Leonardo tenía esa voz que uno se niega a dejar de escuchar, y es que no solo escribía ese hombre estuvo en las grandes: digamos Banda Gigante de Benny Moré, Grupo de Experimentación Sonora del Icaic o Irakere. Qué más: ese tipo con su saxo ya vivía, que no era un grande en eso, ya lo han dicho pero estuvo ahí, viendo al Benny que… a Emiliano Salvador o Silvio que… a Chucho... Se va, quedan ahí sus libros, su premio nacional de literatura y de música.
Esa partida duele, y uno dice adiós a sabiendas de que un día también va morir de cualquier cosa, pero antes, si disfruta los asuntos bellos, profundos, cubanos se habrá leído a Leonardo Acosta , una de esas pocas personas que realmente merecen llamarse maestros, le digo adiós y vuelvo a su texto, a su eterna “Descarga cubana de jazz”.