taza de cafe

Songo – La Maya, 20 sep.- Hablar de tomar café en Cuba es como hacerlo del té en Inglaterra, eso nadie lo pone en duda a estas alturas de la vida.

Según se dice los ingleses esperan con total puntualidad la hora del té. Pero en Cuba sucede muy distinto con la hora del café.

Digamos que cada quién lo hace a su manera y según aprendió de sus mayores. En Cuba al amanecer se hace la primera colada (ya sea en empinao y con bolsa o en la más sofisticada cafetera) y de ahí a lo largo del día no hay momento específico para volver una y otra vez sobre los utensilios de hacer un buen café.

Imagine por un momento que llega a casa de un amigo de visita, primero se hace el saludo de rigor y luego sin apenas dejarte sentar llega esta frase: “espera que te traigo una tacita de café”. Oiga eso no falla, porque cubano que se respete siempre tiene a mano una coladita de polvo de café para preparar a cualquier hora del día o al noche.

Yo misma que escribo estas letras ahora lo hago con una taza delante del teclado para ir sorbiendo el sabroso néctar...

Un poco de historia…

Según se recoge en múltiples bibliografías la historia del café se remonta al siglo XIII, aunque su origen verdadero continúa sin esclarecer. Se cree que los ancestros etíopes del actual pueblo oromo fueron los primeros en descubrir y reconocer el efecto energizante de los granos de la planta.

El mito alrededor del tema señala que un pastor etíope que apacentaba su rebaño de cabras notó que durante la noche los animales en vez de dormir y descansar no hacían más que saltar y moverse de un lado al otro.

Extrañado comentó el hecho con unos monjes establecidos cerca del lugar y estos comprendieron que los animales habían ingerido alguna planta que producía esos efectos.

Al inspeccionar el sitio observaron unos arbustos recién despojados de sus hojas por los animales y al tomar las frutas de dichas plantas probaron los efectos en ellos mismos y descubrieron que ahuyentaban el sueño. Así aprendieron a hervirlo en agua que tomaban cuando tenían que pasar la noche en oración.

La noticia se propagó y el empleo del café se extendió por  Egipto, Turquía y Arabia. Este último con un clima seco y desértico solo podía dedicar al cultivo reducidas extensiones de terreno por lo que se llevó a países lejanos, primero a Ceilán, después a Java y más tarde a América.

Las casas de café se desarrollaron por doquier y fueron criticadas por considerarse centros de inmoralidad y porque alejaban a los hombres de la religión.

En Cuba…  

Se recoge en diversas publicaciones que al continente americano llegaron los primeros cafetos a través de las colonias francesas, y de ahí se extendió por el resto de los territorios conquistados. En Cuba entraron con los colonos franceses y sus esclavos, quienes arribaron a la isla huyendo de la Revolución Haitiana.

Aunque se asentaron en el occidente del país, fue en la región oriental donde fomentaron las haciendas cafetaleras en las montañas de la periferia, y con ellas, también las técnicas de su cultivo y costumbres.

Volviendo a la tacita de café…

El consumo de café no valora color de la piel, creencia religiosa y lo toman desde niños hasta personas bien entradas en años. Es la justificación perfecta para una buena conversación entre amigos o para acercarnos al vecino y preguntarle sobre la discusión de la esquina ocurrida por la noche...

Ahora mismo me viene a la mente una frase de mi madre quien con cara de pocos amigos me mira y suelta: “tengo un dolor de cabeza eso es porque no he tomado café hoy”.

Tomar café en Cuba amigos es otra de nuestras tradiciones arraigadas en nuestro diario vivir… ¿Quién lo duda? Así ha sido siempre.