tabureteSongo – La Maya, 4 jul.- Costumbres y tradiciones hacen de los cubanos y, por consiguiente, de nuestros pueblos y ciudades, lo que realmente somos.

Si miramos a nuestro alrededor veremos innumerables muestras de ello. Una que casi todos tenemos muy a mano son los taburetes, esas robustas sillas de aspecto más bien cuadrado y respaldo alto, cubierto tanto este como el asiento de una ancha banda de cuero de chivo, clavado a la madera con tachuelas de cabeza grande.

En otros países no ocurre así. Los taburetes son como banquetas, y su uso completamente distinto al nuestro, que típicamente lo vemos recostado a la pared de atrás de la casa o al tronco de un árbol, con el objetivo de hacerlo más cómodo y descansar un rato al mediodía antes de regresar a las faenas del campo.

El taburete cubano se parece mucho a nuestra gente, sencillo y humilde, pero muy resistente, confortable y confiable. Porque oiga, ¡para romper un taburete hay que darle…! Y con todo y eso, ahí permanecerá, recostado, viéndonos pasar hasta que lo volvamos a necesitar para echar un pestañazo o una conversada.

El taburete abunda en las casas de campo, aunque de un tiempo a esta parte ha ido ganando terreno también en las casas del pueblo y de las ciudades, sobre todo cuando se quiere lograr un ambiente campestre. Es ahí cuando se tapizan y se construyen almohadillados y tapizados en forma que haga juego con la decoración general del aposento, especialmente de las sillerías.

Pero para el cubano de a pie, como nosotros, no habrá nunca como un rústico taburete de cuero, sin pintar ni barnizar, sino simplemente así, como el alma del cubano de pura cepa, sin máscaras ni maquillajes; pero dispuesto siempre a hacerle la vida al otro un poquito más cómoda. Por eso el taburete seguirá ahí, al lado nuestro, siendo muido testigo del paso del tiempo. ¿Quién lo duda? Así ha sido siempre.

maulin             rogelio

Songo – La Maya cuenta     Cubatiene                                                                                   

Maylín Ross Torres              Rogelio Ramos Domínguez

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Gitana Tropical                   Soy la misma

Liliana Sierra Sánchez        Raquel Castro Milán

 

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