
Songo – La Maya, 29 mar.- Los hermanos a menudo ofrecen la primera y probablemente, la más intensa relación de un niño o una niña con un igual. Además de tener en común los genes, la clase social, la raza, la cultura, la generación..., comparten las experiencias familiares y los acontecimientos de la vida. A los hermanos les une el hecho de compartir también los juguetes, la ropa, el dormitorio, el baño, los espacios íntimos, los recuerdos. Todo ello va a hacerles establecer fuertes alianzas, sólidos lazos afectivos. Normalmente, los hermanos van a recibir la misma educación, los mismos valores intergeneracionales, que van conformando la propia identidad como “nieto/a de”, “hijo/a de”, “del barrio de”, “alumno/a de”...
Es bueno conocer que los hermanos durante la infancia son una fuente constante de compañía mutua, lo característico de las interacciones entre hermanas y hermanos pequeños son las expresiones intensas y desinhibidas de amor, afecto, lealtad, hostilidad, odio y resentimiento. Para establecer nuevas relaciones, los hermanos ponen en práctica las habilidades sociales que han aprendido del otro, es así que se enseñan mutuamente habilidades para la resolución de conflictos, frente a situaciones de competitividad, rivalidad, ante los compromisos y en materia de educación.
Durante la adolescencia los hermanos recurren unos a otros y se convierten en confidentes, consejeros y asesores, particularmente con relación a las amistades, las presiones de los compañeros, la sexualidad y ante los problemas que puedan surgir, son grandes aliados. Pueden igualmente producirse incomprensiones propias de esta etapa de la vida y que según los especialistas es normal hasta cierto punto. Pero sí mantienen siempre la unión y se hacen cómplices ante situaciones de tensión dentro de la familia, los estudios o las relaciones de pareja.
Una vez crecidos los hermanos y cuando comienzan a tener sus propios hijos, asumiendo su papel de tíos y tías, pueden proveer una red adicional de cariño y apoyo para todos. A una edad avanzada, cuando los chicos han crecido y se han ido del hogar, cuando los cónyuges han fallecido, los hermanos se proporcionan nuevamente apoyo y tejen una red social mutua. En muchos casos, se restablece el contacto frecuente y en ocasiones, incluso se mudan de casa para estar cerca, brindándose compañía en esta etapa de la vida, de la misma forma que lo hicieron desde el comienzo de su existencia.
En definitiva, la relación fraternal es un sistema de apoyo único, ya que los hermanos son los miembros de la familia que, con toda probabilidad, más van a coexistir temporalmente a lo largo de la vida, están más cerca que los propios padres, son maestros, modelos a imitar debido a que esta relación a menudo está basada en la admiración, el cariño, la confianza y la simpatía. Se puede decir entonces que un hermano mejora la calidad de vida, dado que aumenta el bienestar emocional, proporciona compañía, ofrece cariño y, con mucha frecuencia, aporta seguridad de carácter duradero.
La interacción entre hermanos es un potenciador del desarrollo. Esta es una relación especial, en la que son múltiples las experiencias, momentos y confidencias compartidas y esto va a contribuir de una forma asombrosa al desarrollo. Con los hermanos se experimentan múltiples situaciones sociales con sus correspondientes sensaciones y sentimientos. Se interactúa de igual a igual, contribuyendo y enriqueciendo el desarrollo social. Los hermanos son fuente de experiencias de aprendizaje en cuanto, que se quieren alcanzar las metas que ha logrado el otro. Se vive lo que vive el otro y se aprende, se comparte, se convive y se sienten afectos.
Es bueno desde la propia familia fomentar una buena relación entre hermanos, alejar las posibles contradicciones que se dan entre ellos las cuales son hasta cierto punto normales, pues nunca uno es idéntico a otro. Ahora bien es muy importante tener en cuenta algunos aspectos para lograr las buenas relaciones entre los hermanos. No hagas juicios comparativos del tipo “este más bueno, pero el otro es más listo”. Valora las actitudes de cada uno en su momento, pero nunca las compares. Trata de buscar actividades en las que ambos colaboren. Enséñales que las metas de cada uno, pueden ser metas comunes. Presta atención al tiempo que dedicas a cada uno, no te centres en uno de ellos porque sea más pequeño, o porque te necesite más por la causa que sea.
Déjales su espacio de hermanos, intenta que tengan momentos de juego, de complicidad solos, sin la supervisión de los adultos. De esta forma fomentarás el que compartan experiencias, que se hagan cómplices, que se cuiden uno al otro, que solucionen sus rivalidades. A veces es mejor no meternos en sus cosas. Promueve la comunicación y la escucha entre ellos, tienes que servir de ejemplo para ello crea un clima de comunicación y escucha en el hogar. Cuando uno de los pequeños hable, es normal que el otro quiera reclamar la atención y opinar, enséñale que debe respetar su turno de comunicación, que debemos escuchar al que habla y cuando termine podrá hablar y todos le escucharemos. Por último hazlos partícipes de las alegrías, problemas y vivencias de cada uno de ellos, no le ocultes las situaciones que los involucre y te aseguro que de esa manera por siempre estarán unidos.