Songo – La Maya, 13 jul.- Fomentar y mantener en los estudiantes el hábito de usar correctamente el uniforme escolar, es una de las prioridades del sector educacional aquí en Songo – La Maya.
Conseguir el éxito de esta tarea, sobre todo en las enseñanzas Media y Media Superior depende de varios factores. El conocimiento de los educandos sobre el uso correcto de este vestuario es uno de ellos.
La escuela, como entidad educativa y principal interesada en el cumplimiento de sus regulaciones, tiene la mayor responsabilidad en este empeño y para lograrlo realiza diversas acciones.
La familia es otro de los elementos que inciden en el cumplimiento del régimen disciplinario de cada institución.
Usar correctamente el uniforme es una muestra de respeto a la institución a la que se pertenece y a su reglamento. Cumplirlo es deber de cada estudiante.
En estos tiempos de tendencias y variedades estéticas, con marcadas diferencias y etiquetas, venimos cayendo en el desafío a los ímpetus adolescentes que muchas veces se contraponen con los reglamentos escolares.
Como bien versa la frase: “los hijos se parecen más a su tiempo que a sus padres”, y así lo corrobora esta generación de cubanos, nacidos a finales de los noventa y a principios del 2000, que hoy desandan por los complejos caminos de la mocedad.
Como púberes al fin, necesitan referentes para construir una identidad, necesitan de códigos para forjar cierto criterio de moralidad, en dependencia del contexto. Y como en todas las épocas, sigue estando la juventud ¿perdida?, ¿o realmente encontrada en medio de una serie de desigualdades poco tomadas en cuenta a la hora de exigirles modos de actuar, de pensar, de ser?
En las escuelas se les exige a los jóvenes llevar el uniforme de manera correcta. ¿Qué es lo entendido como correcto? Sencillo: prohibidos los piercings, tatuajes, peinados escandalosos, así como tacones y carteras para las hembras, la falda corta, las camisas y blusas por fuera, el cuello levantado, el exceso de prendas, maquillaje, entre otros.
Eso está bien tratándose de la escuela, pero existen otros acápites dentro del uso del uniforme que vienen siendo cuestionados si esta vez contamos con los criterios e intereses de quienes deben usarlo.
“La existencia del uniforme viene dada por el propio significado de la palabra, o sea, un “traje peculiar y distintivo que por establecimiento o concesión usan los individuos que pertenecen a un mismo cuerpo o colegio”. También la idea de usarlo es precisamente la de crear una especie de igualdad estética, sobre la cual los propios estudiantes tienen sus opiniones, además de sus prácticas, que son las que han puesto en el ring al reglamento escolar contra las modas de nuestros adolescentes y jóvenes.
Les exigimos a nuestros jóvenes que lleven una estética precisa, y la tarea se vuelve difícil para los educadores en los centros, pero ¿les ofrecemos un referente tentador que los inste a imitar ese estudiante estéticamente ideal?
Solo hagamos mención a los ídolos modernos de nuestros jóvenes para llevarnos una idea al respecto: El Yonki, el Chacal, Los 4, William el Magnífico, Justin Bieber, Patry White (la dictadora), El Micha, Lady Gaga, Osmani García, Rihanna, Beyoncé, Wisin y Yandel, entre otros. No es que esté mal porque a los artistas siempre los jóvenes los imitarán, pero tampoco existen en nuestros medios personajes con los que nuestros jóvenes se sientan identificados a favor del camino que se quiere para ellos en este sentido.
No estamos hablando de lograr una flexibilidad que roce con el desafuero, pero sí de un respeto, de tomar actitudes responsables, aterrizadas y constructivas, no de imposiciones que a veces llegan a ser amenazas que, lejos de lograr resultados positivos, detonan ese chip de rebeldía que poseen los jóvenes.
Estamos hablando de realizar estudios de comportamiento y ofrecerles a las nuevas generaciones ejemplos más atractivos, personajes que logren inspirarlos sin hacerles sentir que se les está dando un sermón, una lección o una imposición.
Hay que dejarles una parte del camino a sus propios incentivos, que les ayude a formar el carácter o de, al menos, guiarlos en la dirección deseada, pero de manera menos subyugante y más sutil. Hay que entender que se trata de una generación mellada por períodos especiales, procesos migratorios, dificultades económicas y constantes cambios sociales. Es hora de hacer un estudio objetivo y hurgar en los intereses reales de nuestros jóvenes para lograr integrarlos de forma motivadora.
Al fin y al cabo, como mismo ellos lo recalcan, con o sin uniforme, nadie es igual. De alguna manera se hace necesario inculcarles con mayor sutileza el respeto al uniforme escolar, o quizás hacerlo más atractivo para ellos, teniendo en cuenta sus propios criterios, cosa de que la ropa de salir no se mezcle con el vestuario correcto para asistir a la escuela.