Michel Enrique

(Tomado de Islavisión)

Gracias: Yuliet PC

Songo – La Maya, 24 dic.- Cuando estás en las gradas, viendo un juego que te mata del aburrimiento, aferrado a tu abrigo y a tu cucurucho de maní en un gélido estadio semivacío, grabando los hits que faltan a cuentagotas: “7, 6, 6,6, 5, 5,4…” de seguro te preguntas: “¿Este hombre no quiere llegar a los 2 mil o qué?”

Mas si estás cerca de él, escuchándolo decir a toda hora “no estoy presionado, me siento bien”, pero lo adviertes tembloroso antes y después de cada turno al bate, entonces comienzas a imaginar lo difícil que es conectar el hit que sigue a los 1999 y convertirte en el pelotero cubano número veintidós en atravesar el umbral de los dos mil imparables en Series Nacionales.

Cuando tienes tantos ojos –buenos y malos- encima, y no paran los consejos, las comparaciones, los reproches o las charlas tranquilizadoras, e incluso los periodistas que quieren hacerte la entrevista antes de que lo logres para tener la primicia aunque sacrifiquen la emoción; y todos los días, a todo hora, de cualquier parte de Cuba y el mundo, recibes mensajes y llamadas al estilo: “dime ¿ya lo diste?” “¿cuántos te faltan?” “tiene que ser hoy”, sucede que cuando sales al cajón de bateo la vista se te obnubila y no ves ni la pelota.

Cuando luchas por batir la marca con un traje que no es el habitual, en un terreno y ante un público que no es el de siempre, cuando los directores contrarios te pasan por al lado y te dicen, entre risas, que si el juego está abierto van a mandar al pitcher a que te la tire al medio y los lanzadores te hacen una seña cómplice como acotando “aunque no me den la orden lo haré”, puede ser que los brazos comiencen a pesarte más de lo acostumbrado y no puedas sacarlos a tiempo para chocar la pelota.

Cuando piensas en que no quieres que nadie te regale nada, sino que sea una conexión limpia, en que tus hits mil y mil quinientos fueron jonrones, en que el primer pinero que lo logró antes que tú, Alexander Ramos, la sacó del parque y el último hombre que lo hizo en esta serie, Danel Castro, también despachó un cuadrangular, puede que el deseo de no quedarte por debajo te haga fallar una y otra vez.

Porque a la hora cero, o más bien, a la hora 2 mil, todo presiona: el niño que te pide que llegues hoy “que mañana no puedo venir porque el juego es de noche y mi mamá no me deja”, el artesano de la Habana que vino cargado de regalos para cuando llegues a la marca y ya se está quedando sin dinero porque te has demorado más de lo que esperaba, pero que te dice que no se va sin cumplir su cometido, la señora que tiene un hijo en el exterior fanático a ti y que le ha mandado un celular para que le grabe ese momento.

Y todos los días ves a la ancianita sentada en el mismo lugar… tú fallas y te dices “mañana no viene”, pero mañana, cuando lo vuelves a intentar, ella todavía está ahí. Por eso cuando al fin lo logras miras para su celular y le sonríes. Ella está muy feliz, no tiene idea de lo que es el hit 2 mil, pero ha cumplido con su hijo. Entonces, piensas en lo feliz que estaría también tu madre a esta hora, pero tu madre no está. Para ella tu primer pensamiento.

Después te entregas por inercia a la habitual celebración: los dos equipos te estrechan la mano, te lanzan encima el clásico cubo de agua fría, los reconocimientos de la Isla y de Pinar, el abrazo a Alexander Ramos o lo que es lo mismo 4030 hits en un abrazo, el público que te saluda, tú que le correspondes antes de salir corriendo a esconderte en el club house.

Allí, en ese lugar húmedo y semioscuro, puedes ya ser tú mismo .Te deshaces en lágrimas, con gemidos, espasmos, fluidos y todo lo que lleva el llanto genuino que es, en primera instancia, un ejercicio de descomprensión de las emociones.

Es un llanto de dolor: por la madre que no te va a estar esperando en la isla para abrazarte, por saber que podías haberlo logrado antes, con menos estrés y que has vivido en los últimos tiempos infiernos que no mereces.

Pero el dolor solo dura un instante, lo ultima el disparo de una botella de sidra abriéndose y la inyección fría del líquido adentrándose en tu nuca. Es Lazo que viene a recordarte que también tienes muchos motivos hermosos por las cuales reír: una Isla entera que te estará esperando, amigos como él que se inmolarían por ti, una afición pinera, pinareña, cubana, internacional que comparte tus lágrimas y alegrías.

Entonces empuñas esa sonrisa que te hace -y nos hace a quienes te amamos- invencible. La misma que exhibes en la gigantografía que se pasea por toda la Isla estampada en una guagua, donde según te han contado, los niños peloteros se montan antes de sus partidos de béisbol, porque dicen que les da buena suerte.