Educadores 2018Songo – La Maya, 22 dic.- Quizás, uno de esos tantos temas sobre el que mucho tenemos para decir y no sabemos cómo, nos sorprende cada 22 de diciembre, cuando celebramos el Día del Educador en nuestro país.

Y es que relatar en unas pocas líneas todo lo que sentimos por quienes incansablemente dan lo mejor de sí para formarnos como hombres de bien, resulta harto complejo, sobre todo si debemos competir con aquella excelente frase del pedagogo José de la Luz y Caballero, que en apenas unas palabras resume la esencia de la verdadera educación: “Instruir puede cualquiera. Educar solo quien sea un evangelio vivo”.

No en vano, la historia ha demostrado que no existe ser más enamorado de su vocación que un maestro, ese que instruye con rigor y ternura tanto el pensamiento como los sentimientos; el mismo que, a pesar de los años, deja en sus discípulos una huella endémica, un recuerdo imborrable, la más recurrente evocación.

¿O es que acaso alguien ha podido olvidar el nombre de aquel que le enseñó a garabatear los primeros trazos, o del que más recientemente, lo enamoró de alguna profesión?

No sería pues, exagerado, sentenciar que, cuánto somos o seremos, lo debemos a esos hombres y mujeres con nombres que tienen a su cargo el más noble empeño de todos: enseñar, aleccionar, cultivar… forjar la sociedad.

Tales premisas se hicieron válidas en Cuba después del primero de enero de 1959, cuando el gobierno revolucionario, con el apoyo masivo del pueblo y en especial, de jóvenes que se formaban como maestros, desarrolló en apenas un año, la gloriosa Campaña de Alfabetización, mediante la cual más de 700 mil cubanos y cubanas aprendieron a leer y escribir.

Apenas unas jornadas de celebraciones cada diciembre, no retribuyen lo mucho que un pedagogo hace durante toda la vida por unas cuantas generaciones que crecen bajo su tutela.

Lejos de parecer un reclamo, estas líneas solo pretenden hacer público el reconocimiento infinito a aquellos que día tras día depositan en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido.

Por eso, ahora mismo me vienen a la mente un sinfín de nombres que aunque para otros sean banales, para mí tienen un significado especial: Luisa, Elvira, Silfredo, Martha, Milagros, Eneida, Feliberto, Odris, Neyda, Honorio, Miriam, Carlos, René, Inalvis, María Acela… y tantos otros. A ellos, gracias por todo.

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