SaludSongo – La Maya, 5 oct.- En esta profesión de hacer noticias todos los días nos empeñamos en verle hasta las amígdalas a cada suceso.

Me pasé casi un mes viajando a diario hasta la sala de rehabilitación del policlínico Carlos Juan Finlay de aquí de La Maya, y por esa manía de convertirlo todo en noticia o en trabajo periodístico me detuve en los detalles más mínimos para poder estampar en el papel tanta y buena energía.

Porque les mentiría si dijera lo contrario y es que ahí pude apreciar de primera mano que un grupo de hombres y mujeres se enfrascan por llevar salud y bienestar a todos los que así lo necesiten.

Desde la recepcionista Yudith quien recibe a todos con una risa desbordada, hasta los fisioterapeutas encargados de dar masajes, ejercitar, manipular aparatos electrónicos… en fin atender a los aquejados de múltiples padecimientos tratan a los pacientes con verdadero sentido de pertenencia.

Quisiera ahora mismo que no se me olvide ningún nombre, por eso no buscaré en mi memoria si no que agradeceré de manera general a todos sin distinción.

Quizá usted piense ahora mismo que por mi posición de periodista me hayan dado una atención diferente pero puedo asegurar que no pues el cuidado y el esmero es con todos los que llegan a la sala de rehabilitación.

Hubo una frase que marcó y para bien mi estancia en la sala de rehabilitación "aquí lo más importante es ser positivos, no podemos nunca tener malas caras y malos tratos con los pacientes esa es una norma para que cada quien salga satisfecho y con mejor calidad de vida”.

Sé que no basta un trabajo para agradecer tanta buena energía, deseos de hacer el bien y el empeño de quienes hacen de su día a día una apuesta por la positividad.

A todos gracias por aliviar cuerpo y alma a muchos que como yo llegamos un día a necesitar de los servicios de la sala de rehabilitación.