
Songo – La Maya, 8 may.- En este oficio de decir con palabras todo cuanto acontece a nuestro alrededor nunca antes me había detenido a escribirles a las madres.
Esos seres sacrificados, todo bondad, de entrega sin límites, sin cansancios ni quejas … Seres sobrenaturales diría yo o como dijo alguien: “El amor de madre no se puede medir, no se puede pesar, es sencillamente invaluable. Viaja con la crianza tan difícil, con las enfermedades, cumpleaños, fin de año, con el no tener dinero para una muda de ropa, viaja con carencias y solvencias”.
Es aprender a hacer todo con una sola mano, es despertarse sobresaltada el domingo, mirar el reloj y tratar de levantantarse a toda velocidad para llevar a los niños a la escuela, sin darse cuenta que es día de descanso,
Ser madre es dormir con un solo ojo hasta escuchar el sonido de la llave de la puerta que anuncia que el hijo adolescente está de vuelta en casa.
O como expresara José Martí: “Esté lejos o cerca de nosotros, es el sostén de nuestra vida... La tierra, cuando ella muere, se abre debajo de los pies”.
Sin dudas ser madre es lo mejor que le puede pasar a una mujer, es el resumen de todo, la continuidad de la vida, el encanto de lo prohibido, el descubrimiento de que estás viva y tienes que seguir adelante a pesar de los infortunios. Es la realización personal más allá de lo probable.