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Songo – La Maya, 26 abr.- En esta sección hacemos alusión a las costumbres y tradiciones que hacen de nuestra gente un pueblo único e irrepetible. Hace ya algunas semanas hablábamos de una forma de atraer la buena suerte, colocando un elefante en la casa con el fondillo hacia la puerta principal de entrada.                                                    

Hoy quiero continuar el tema de las creencias populares, pero haciendo alusión a dos elementos que no pueden faltarles a nuestros niños. Es común en nuestra tierra colocarle un azabache a los bebitos para alejarles el llamado mal de ojo, aunque también puede ser usado por las mujeres hermosas como resguardo. Consistente en un pequeño pendiente de color negro, es creencia popular que si el azabache se parte o desarma sin causa aparente, significa que alguien trató de hacer mal de ojo a quien lo porta y el amuleto cumplió su función, al absorber las energías malignas. De inmediato se le pondrá otro con el mismo propósito. Pero eso no es todo, al azabache generalmente se le asociará con los ojitos de Santa Lucía, delicada prenda en forma de un par de ojos, confeccionada habitualmente en metal dorado o plateado, para colgar de una cadenita en el cuello, o como prendedor en la ropa.

Generalmente en Cuba se utilizan junto al azabache y se agrega al conjunto una cuentecilla roja, que en este caso simboliza al coral rojo, otro amuleto contra el mencionado maleficio. Santa Lucía, por cierto, es la patrona de la vista debido a una leyenda según la cual en la Edad Media, cuando Lucía estaba en el tribunal, acusada de brujería, martirizada y condenada a ser decapitada, aun sin ojos, seguía viendo.

El nombre de la santa, que significa la que porta luz y el hecho de haberle sacado los ojos y seguir viendo, explican el origen de esa leyenda posterior sobre sus ojos.

A Santa Lucía se le representa normalmente con una espada que le atraviesa el cuello, una palma, un libro, una lámpara de aceite y con dos ojos en un plato. Es patrona de los pobres, los ciegos, de los niños enfermos y de las ciudades de Siracusa, Venecia y de Pedro del Monte. También es patrona de los campesinos, electricistas, chóferes, fotógrafos, afiladores, cortadores, cristaleros y escritores.

Cierto o no, a casi todos los niños cubanos, por dentro del ropón, se le coloca su azabache con los ojitos de Santa Lucía, para librarlo del mal de ojo. ¿Quién lo duda? Así ha sido siempre.

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