IMG 0981Songo – La Maya, 29 jun.- La manifestación del resigné, en las colonias del Central Almeida, hoy Complejo Agroindustrial Los Reynaldo, puede explicarse como una transmigración de la danza, heredada de los antillanos haitianos que habían llegado por el año mil novecientos diecinueve y se habían dispersado en las colonias azucareras en Camagüey y el norte del Oriente.

Según los estudiosos la mantenida aprehensión de los bailadores se debe al modo hacinado de la convivencia en las plantaciones. Estas fiestas, a su vez, son el reflejo del estado anímico del negro que se transforma en alegría y diversión y tienen como rasgo distintivo presentarse de principio a fin sin vínculos con lo ritual.

Sucedían todos los fines de semana, pero alcanzaban su máximo esplendor cada quince días, los de cobro.

Grandes enramadas con penca de guano. Las mujeres con largas y anchas sayas o batas y sus cabezas adornadas con pañuelos de llamativos colores.

Alrededor pregoneros con maní tostado o turrón. Fogones con calderos inmensos para preparar el ajiaco, la preparación del fufú con quimbombó, esto pasaba mientras otros jugaban dominó, dados y barajas.

Los tambores y un hábil cantador llamaban la atención de los bailadores que ejecutaban movimientos eróticos, de impulso sexual que pudiera atribuirse al consumo de la yerbita blanca, bebida típica haitiana.

Este baile por su contenido sexual rebasó los límites del batey y llegó a casas particulares, burdeles y quizás por eso fue rechazado por muchos.

Luego con el triunfo de la revolución todo cambió, esta comunidad, ya nutrida de descendientes jóvenes ha seguido celebrando las fiestas del resigné porque en definitiva son sus raíces y hay que defenderlas. Y quién lo duda, si así ha sido siempre.