Songo - La Maya, 20 de feb. - Conversaba yo días atrás con un amigo acerca de las bondades del maíz, y de la conversación me he quedado con el deseo de hablar acerca de todo lo que puede hacerse con el maíz, verdaderas tradiciones de nuestros pueblos y ciudades.
En primer lugar habría que mencionar las sabrosas hallacas, envueltas en la propia hoja del maíz, que mientras más tierno, mejor para este tipo de plato de exquisito sabor. Pero, además, están las frituras, sin dudas una verdadera delicia que acompaña cualquier otro alimento, y el arroz con maíz, o congrí de maíz, una exquisitez de la cocina cubana.
Del maíz compuesto, ya sea con pollo, cerdo o brujo, ni hablar. La harina con sal, acompañada con un buen picadillo de res o cerdo, inmejorable. Y si es con azúcar, acompañada de un buen café con leche, por las mañanas, como desayuno, no tiene precio… te mantiene lleno hasta más allá del medio día.
El chorote de maíz es otro de los desayunos que, además de muy saludable y alimenticio, resulta delicioso. Ese se hace con el pinol de maíz, es decir, este grano tostado y molido, que también, si se le añade azúcar, se puede comer tal cual. Pero hay más: la mazamorra, que algunos llaman también cerencé, me decía mi amigo, es un postre finísimo.
El maíz tierno se le echa lo mismo al ajiaco o a la sopa que al potaje, y les da un sabor dulzón incomparable. Pero, además, la maloja sirve para dar de comer a las bestias, lo mismo que la tusa molida. A la vez, esa misma fibra se utiliza para hacer diversos adornos y tejidos artesanales, muy vistosa en sombreros y canastas. El pelo del maíz sirve para combatir la infección en los riñones, y hasta la propia planta molida se le da de comer a los animales. Eso sin contar con el pienso de maíz propiamente dicho, que, lo mismo que el grano entero, es un nutritivo alimento para todos los animales, incluyendo las aves de corral.
Y fíjense si de verdad tiene propiedades el maíz, que hasta para hacer combustible lo han cogido en los últimos años.
En fin, mis amigos, que este cereal, presente en América desde hace miles de años, ha sido una verdadera bendición para nuestros pueblos, herencias y culturas, pero también para saciar nuestros apetitos, aunque sea con unas rositas compradas en los carnavales. ¿Quién lo duda? Así ha sido siempre.
Autor: Adolfo Vicente Fernández