enramadasahoraSongo – La Maya, 10 sep.- Las costumbres y tradiciones están donde menos las imaginemos. En todo lo valioso, lo común, lo querido, lo útil, que queremos conservar y consolidar para transmitirlo a futuras generaciones, de manera que perdure en el tiempo.

A fin de cuentas, de ahí proviene la propia palabra, del Latín tradere, que quiere decir entregar. Hago esta reflexión porque en días recientes he visitado mi querida ciudad santiaguera, quien todavía continúa en plena efervescencia remodeladora por los 500 y más años se mi Santiago, y he visto cómo ha ido desaparece ante los ojos de todos la calle Enramadas.

Enramadas ya no será más la calle que yo conocí, ya no será más aquella estrecha arteria de bellas aceras de granito pulido, únicas de mi Santiago; no será ya el callejón donde aún se podían ver, desafiando el tiempo, los entramados de postes y tendidos eléctricos y los rieles que a trancos nos decían que por allí un díano tan lejano rodó el tranvía. Enramadas pierde el encanto de lo pequeño que se engrandece en el imaginario del pueblo.

Ahora es un amplio paseo de modernos adoquines de cemento, con obras de arte incrustadas bajo los pies del transeúnte, y redes eléctricas soterradas.

Dicen que será más bella, espaciosa, cómoda, cerrada perennemente al tránsito vehicular…pero no será la que yo conocí y que tanto orgullo me daba cuando me refería a los encantos de mi ciudad natal ¿Se habrá tenido en cuenta el parecer de los santiagueros antes de borrarnos a nuestra Enramadas, esa que se fue tejiendo en la voz de poetas, trovadores y soneros? La tradicional Calle Enramadas se nos está yendo, comienza a desvanecerse su física estructura, pero inicia ahora otro proceso, más complejo y rico, el de la memoria colectiva, que la hará permanecer intacta aunque pasen muchos años.

Quienes transitamos “arriba y abajo a lo largo de esta vía bulliciosa”, como escribió ese ilustre santiaguero que fue el Doctor Francisco Prats, recordaremos más allá del tiempo y del espacio sus viejos e inservibles anuncios lumínicos, sus anuncios incrustados en corredores, sus amplias y rotas vidrieras, sus aceras de granito de varios colores, su tranvía fantasma… después de todo, eso también es tradición.

De esa forma seguirá siendo, y utilizo otra vez las palabras de Francisco Prats, “inolvidable para visitantes, vecinos y artistas”¿Quién lo duda? Así ha sido siempre.