Songo - La Maya, 13 de feb. - El amor a veces puede doler. Dania es una songomayense de 26 años que ya ha pasado por este tipo de experiencia. Acababa de cumplir los cuatro meses de casada, cuando comenzó a sufrir en carne propia las consecuencias de la violencia doméstica.
Su esposo se convirtió de la noche a la mañana en un hombre posesivo, celoso, y la golpeaba cada vez que bebía. Al principio, ella prefería callar, por temor y porque no deseaba que la señalaran con el dedo o la mirasen con lástima. Hasta que escuchó en una reunión de la FMC, hablar sobre la casa de orientación a la mujer y la familia, y decidió acudir a la institución, donde encontró el apoyo que necesitaba.