acto2Songo – La Maya, 26 jul.- Nuevamente fuimos testigos hoy del amanecer glorioso de la Santa Ana, aquel que nos recordó que hace 65 años un grupo de valerosos jóvenes no permitió que el apóstol muriera en el año de su centenario.

Hoy nuevamente Santiago despertó recordando aquel 26 de Julio de 1953 cuando los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes se vistieron de verde olivo y sangre de aquellos hombres que luchaban por un sueño común: la libertad.

Han transcurrido 65 años y quedan solo unos pocos de aquellos valerosos muchachos que salieron de la Granjita Siboney aquella madrugada de carnaval santiaguero dispuestos a vencer o morir. No fue en esa ocasión pero cinco años, cinco meses y cinco días después lograron lo anhelado para regalárselo a toda Cuba.

Y hoy seis décadas y media después se levanta una nueva generación comprometida con su tiempo y su presente, que le toca la gran misión de mantener lo alcanzado y construir un futuro a la altura de quienes tenemos el privilegio de vivir en la Ciudad Héroe de Cuba.

Y por tales motivos tenemos que seguir protagonizando nuestro día a día, no puede haber un espacio donde los jóvenes no digamos presente, no puede haber obra donde no esté nuestra mano constructora, no puede haber proyecto en Songo - La Maya donde no aparezca nuestra creatividad, energía y perseverancia.

A la juventud de hoy le toca ganar más los espacios, adueñarse de su presente y sobre todo ser conscientes del papel que le toca construyendo futuros honrando el pasado.

La vida lleva su calendario de manera indetenible y quienes regalaron su años mozos a luchar por la Revolución, hoy no están muchos y los que quedan, aun cuando están en cargos directivos en el país, van delegando la responsabilidad de sostener la obra alcanzada en los hombros de quienes aun no peinamos canas.

Y lo más importante es que debemos ser conscientes de la gran responsabilidad que entraña esa confianza en nosotros los más jóvenes, ya sea desde la base en los barrios, hasta en el Parlamento y los Consejos de estado y de Ministros.

La generación del centenario no permitió que el apóstol muriera a un siglo de su nacimiento, y nosotros los pinos nuevos de hoy no podemos permitirnos que eso suceda jamás, porque es el más universal de los cubanos y en él se inspiraron aquellos miles de cubanos que soñaron, lucharon y vencieron.

Somos una generación única que marcamos la transición de la dirección histórica de la Revolución hacia un relevo seguro y confiable.

Pero ese privilegio tenemos que ganárnoslo con trabajo, esfuerzo, dedicación, aportes en el estudio y el trabajo, vinculándonos al desarrollo económico y social del municipio y el país. No podemos permitir que el tiempo nos pase por delante sin ser nosotros, los jóvenes los protagonistas absolutos. Aún nos queda mucho por hacer.

Como jóvenes todavía no hemos logrado todos los retos que el presente nos impone pero somos tan especiales que de seguro reflexionaremos y cada día honraremos de una mejor manera a aquella generación que hace hoy 65 años no permitió que el apóstol muriera en el año de su centenario.

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