Songo – La Maya, 25 jun.- La vida se caracteriza, muchas veces, por ser una cadena de problemas que parecen no tener solución. Entonces nos sentimos ahogados ante las dificultades y en ocasiones preferimos huir en lugar de darles el frente y solucionarlas.
Esta situación es normal, pero no debe convertirse en una costumbre. Podemos afirmar que el problema no es el problema en sí, sino la solución que le demos.
Los estudiosos del tema aseguran que en la vida no hay problemas, sólo situaciones, y cada uno de nosotros, libremente y a nivel individual, decide a cuál de esas situaciones le permitimos que nos cause sufrimiento, y a cual no.
También se dice que todas las situaciones, por muy desagradables que nos parezcan en un momento, tienen un lado positivo, y que lo complejo es verlo. De esto se desprende el dicho popular que plantea: “No hay mal que por bien no venga”.
La vida está llena de contrariedades y aunque la mayoría las observemos con temor y negatividad, pueden ser herramientas que nos ayuden en nuestra superación personal y crecimiento; sólo depende de la manera que encontremos para solucionar los problemas.
Para afrontar los problemas es necesario saber por qué surgen. Muchas veces son debido a cosas muy simples que se convierten en muy complicadas debido a la manera en que reaccionamos ante ellas.
Todas las personas, en un momento u otro, nos sentimos agobiadas ante un problema o varios a la vez. Y a menudo, más que el problema en sí, lo que realmente nos atormenta y paraliza es la incapacidad de afrontarlo con serenidad, el clásico pensamiento de "no sé por dónde empezar".
Por eso, cuando surge una crisis, lo mejor es enfrentarla con ánimo y sin derrumbarte emocionalmente.
Las mejores armas para lograrlo son el sentido común, una mentalidad positiva y analítica, la honestidad contigo mismo e incluso algunos hábitos que te ayuden a mantener la cabeza fría.
Lo primero de todo, es identificar y aceptar el problema. Una vez identificado, esto te dará perspectiva y te ayudará a ordenar los pensamientos. Debes tener muy claro que realmente quieres solucionarlo. No hay peores enemigos en este tipo de situaciones que la pasividad y encerrarte en ti mismo.
Entonces debes esforzarte en buscar las posibles soluciones al problema. Acostúmbrate a hacer preguntas a los demás y escuchar detenidamente sus respuestas, e incluso a hacerte preguntas a ti mismo y a responderlas con honestidad.
En esta fase, hay que ser muy flexible y tener en consideración todas las posibles soluciones. Preguntar a amigos, personas de confianza o, dado el caso, personas bien informadas respecto al tipo de problema que tenemos, nos ayudará a ampliar la lista de posibles soluciones, a tener la mente bien abierta.
Eso sí, conviene que no perdamos de vista que la última decisión es nuestra responsabilidad.
Siempre debemos procurar buscar el lado positivo y agradable de las cosas, incluso en las situaciones más complicadas.
Puede parecer un tema desgastado, pero cuando logramos verlos desde otra perspectiva o nos enfrentamos a ellos con firmeza, muchos problemas acaban transformándose en grandes oportunidades para cambiar y mejorar nuestra vida, o por lo menos, salir de ellos sintiéndonos fortalecidos.