impaciente2Songo – La Maya, 1 jun.- “Me gusta que las cosas pasen cuando yo quiero". "Odio que me hagan perder el tiempo" “¡Hay que ver qué lenta es la gente!” "¡Apúrate, que llegamos tarde!". "¿Por qué no me ha llamado todavía?". "¡Quiero que llegue el fin de semana!". "No soporto que me hagan esperar"…  

Si te resulta familiar alguna de estas afirmaciones, seguro conoces bien qué es la impaciencia.

Esta es una actitud que asumimos en innumerables ocasiones. Por ejemplo cuando queremos cruzar la calle y no dejan de pasar los carros, o cuando tenemos que esperar por un transporte, o al hacer una cola para adquirir un producto.

También cuando llegamos a un establecimiento a recibir un servicio y se demoran en atendernos, o cuando vamos a una actividad y se demora en comenzar.

Se afirma que la impaciencia es una respuesta al miedo. En cualquier caso, es el temor de que no conseguirás algo que crees que necesitas. Esto nos lleva a un deseo de controlar no sólo el resultado, sino cómo ese resultado se logrará.

La impaciencia es una conducta aprendida, aunque hay ciertos factores que favorecen que se desarrolle, como por ejemplo: la impulsividad o la intolerancia. Hay personas a las que les resulta más difícil aprender a tener paciencia, pero incluso en esos casos se puede aprender a ser más paciente.

Nuestro contexto social favorece que en la actualidad seamos más impacientes, debido a que hoy se tiende a vivir mucho más el presente sin pensar demasiado en el futuro.

Por ejemplo, muchos jóvenes viven de una manera superficial, consiguiendo todo lo que quieren sin demasiado esfuerzo.

En muchas ocasiones no han aprendido a asociar la relación que hay entre el esfuerzo y el resultado (si tengo buenas notas, mis padres me permitirán salir con mis amistades). O sea que los más jóvenes habitualmente no tienen paciencia. Quieren algo y lo quieren ya.

Son los adultos quienes deben enseñarles a cambiar esto, frustrando en ocasiones su deseo inmediato y haciéndole ver que hay que esperar para conseguir las cosas.

Es muy importante aprender desde edades tempranas que hay que buscar el beneficio de lo que hacemos a mediano y largo plazo, y que muchas veces vale la pena esperar y tener paciencia porque el beneficio será mayor.

Por lo general, las personas impacientes toman decisiones muy rápidas y no tienen en cuenta muchas veces las ventajas e inconvenientes de esa decisión, o el tiempo real que emplearán en lo que van a hacer. En estos casos, la impaciencia puede verse como un defecto.

Es común impacientarse en algún momento, pero si perdemos los estribos todos los días, las consecuencias pueden ser fatales.

Estas emociones negativas aumentan el estrés y deterioran nuestra salud. Tanto es así que la Asociación Médica Americana publicó un estudio reciente en el que señala a la impaciencia como un factor de riesgo de la hipertensión, incluso entre jóvenes.

A la vez, existen otros peligros para la salud asociados a la falta de paciencia; uno de ellos es la obesidad, tal como reveló otro estudio reciente.

Como dicen muchos expertos en el tema: “La impaciencia sale cara: puede costarnos dinero, amistades, sufrimientos,… por la sencilla razón de que a menudo conduce a malas decisiones”.

Y por si fuera poco, la impaciencia disminuye nuestra capacidad de comunicarnos. Cuando alguien carece de paciencia para mantener conversaciones significativas, por lo general habla sin pensar.

Sin embargo, la impaciencia no es siempre negativa. La inquietud puede ser como el empujón inicial para llevar a cabo una acción que cambie la situación que no nos gusta. O sea, que en ocasiones, la impaciencia es la madre de la creatividad. Todo depende de saber aprovecharla a nuestro favor.impaciente1