Songo – La Maya, 23 mar 2019.- Hasta mediados del siglo XX por razones como las costumbres o las expectativas sociales, incluso factores como la educación, determinaron que la función de la mujer estuviera dirigida, básicamente, a las tareas del hogar. Es por ello que la mujer encontraba en el matrimonio su medio de supervivencia y éste, junto con la educación de los hijos, eran motivos suficientes para que interrumpiese su carrera y encontrase un enorme freno para su actividad laboral, la cual ocupaba un puesto secundario. Hoy es normal que las féminas ocupen puestos laborales a la par de los hombres pero las labores hogareñas solo les toca a ellas.
Con el paso del tiempo hemos podido observar que la mujer ha ido ganando espacio en el terreno laboral. Por una parte, los factores determinantes de su tradicional discriminación han ido desapareciendo. Así, por ejemplo el nivel de educación aumentó debido a determinadas condiciones que facilitaron una transformación en el papel de la mujer dentro del matrimonio y ante las responsabilidades familiares.
Es una realidad que las mujeres que trabajan normalmente deben, además, asumir casi en solitario las responsabilidades familiares y domésticas lo cual impone limitaciones a las féminas a la hora de competir en términos de igualdad con el hombre.
Y aquellas mujeres que, además del cuidado del hogar, con todo lo que implica, realizan un trabajo fuera deben posibilitar ambas tareas, lo cual supone el doble de trabajo de lo que soporta un hombre porque normalmente, como ya hemos dicho, en la mayoría de los casos el trabajo doméstico es únicamente responsabilidad de las mujeres.
Esto no sucede en el 100% de los casos pues conocemos de muchos hombres que se encargan de los trabajos domésticos para ayudar y contribuir de forma directa con su pareja en el cuidado de los niños, la limpieza, el fregado y la elaboración de la comida, tareas que siempre han sido responsabilidad de las mujeres.
Según investigaciones realizadas al respecto muy poco se tienen en cuenta los daños que se les ocasiona en la salud a las mujeres por la doble jornada laboral que enfrentan, tanto es así que se han dedicado a estudiar las diferentes afectaciones sobresaliendo entre las más comunes el estrés, la fatiga, la monotonía y el cansancio psíquico. Sin dudas hablar de este tema en pleno siglo XXI puede ser controversial por un lado está la llamada igualdad entre hombres y mujeres y por otro no siempre los primeros cooperan y ayudan en los quehaceres domésticos.
Sin dudas el problema no es fácil de resolver especialmente en el contexto de las ideas sociales y culturales sin arraigo lógico. También es cierto que nuestra realidad es otra y tal como otros dilemas sociales, la educación es una herramienta útil de cambio en la medida que todos y cada estén dispuestos a mostrar otro modelo de convivencia basado en la equidad y la cooperación. De otro modo, las mujeres seguirán siendo tratadas como si fueran sirvientas de sus hogares y los varones, como si debieran ser servidos solo por su condición masculina.
Todavía queda mucho camino por recorrer para alcanzar una plena igualdad entre los hombres y las mujeres sin embargo hoy puede ser ese gran día para romper barreras y convertir la frase de que todos somos iguales en un hecho fehaciente y verdadero más allá de campañas y eslóganes porque tanto las mujeres como los hombres son útiles a la sociedad.