Songo – La Maya, 2 abr.- Hay muchos tipos de héroes, están los que luchan por defender causas justas, ya sea con las armas o con las ideas, los que realizan hazañas de las que vemos en muchas películas, los personajes de historietas, libros, productos televisivos y cinematográficos, y están los que sin saberlo, se convierten en héroes por la integridad de sus acciones. El epidemiólogo Lilio Fidel González Navarro pertenece a estos últimos. Este songomayense no dudó ante el llamado de ir a combatir el virus del ébola en el continente africano, y marchó hacia Guinea Conakry junto a un grupo de colegas que tenían la misión de parar la epidemia y salvar la mayor cantidad de vidas posibles.
Así, desafiando a la muerte, se convirtió en uno de los protagonistas de un capítulo hermoso en la historia solidaria del pueblo cubano, solo cumpliendo con su deber, sin esperar mayor reconocimiento que el de saberse útil.
Siete meses después, Lilio regresó a su natal Alto Songo. Fue recibido por vecinos, familiares, amigos, compañeros de trabajo, las máximas autoridades del partido y el gobierno en el territorio, así como dirigentes y miembros de organizaciones políticas y de masas. La calle Moncada fue testigo de la cálida bienvenida, que emocionó a todos hasta las lágrimas. No faltaron las palabras cariñosas, los ramos de flores y los diplomas. Pero lo más importante para este abanderado de la salud fue ver a su pueblo reunido para saludarlo.
Quienes conocen a Lilio, lo describen como una persona maravillosa, muy humana, a quien le gusta dar siempre lo mejor de sí.
Aún a sabiendas de que estaría en riesgo su vida, Lilio fue incapaz de responder con un no al reclamo internacional de detener la letal enfermedad, y regresó sano y salvo a su suelo natal, después de haber salvado millones de vidas. A él solo nos queda agradecerle porque quizás también nos salvó a todos.